El sistema de salud privado enfrenta su mayor crisis de sustentabilidad en décadas. Tras la liberación total de precios consolidada en 2025, las empresas de medicina prepaga han aplicado aumentos acumulados que duplican la inflación general, argumentando el encarecimiento de los costos médicos en dólares (insumos importados y tecnología) y la necesidad de recomponer honorarios profesionales. El resultado es un fenómeno de expulsión masiva: se estima que un 15% de la cartera de afiliados —mayoritariamente clase media y jubilados— se ha dado de baja o ha migrado a planes con copagos altos (“low cost”) en el último año.
Esta migración ejerce una presión inédita sobre el sistema de salud pública, que ya opera al límite de su capacidad. Los hospitales municipales y provinciales reportan un incremento notable en la demanda de atención de pacientes que hasta ayer tenían cobertura privada y hoy no pueden pagarla. La “salud de dos velocidades” se profundiza: una medicina de excelencia para el segmento ABC1 que puede pagar cuotas dolarizadas, y un sistema público saturado para el resto.
Las clínicas y sanatorios privados también sufren. Si bien las cuotas suben, la demora en los pagos de las prepagas a los prestadores genera un descalce financiero que ha llevado al cierre de varias instituciones medianas en el conurbano. Los médicos, por su parte, han comenzado a cobrar copagos “blue” por fuera del sistema para compensar sus ingresos, rompiendo el contrato tácito de cobertura integral.
El Gobierno defiende la libertad de precios, sosteniendo que el mercado se depurará solo y que la competencia bajará los costos. Sin embargo, la salud tiene lógicas inelásticas: uno no elige cuándo enfermarse. Las asociaciones de usuarios preparan amparos colectivos para frenar los aumentos de enero, mientras el Congreso evalúa tímidamente si es necesaria una nueva ley de regulación que ponga topes técnicos a los incrementos en función de los costos reales y no de la especulación.
Diciembre llega con avisos de subas del 12% promedio, un golpe final al bolsillo de las familias que intentan sostener la prepaga como el último bastión de su estatus de clase media. La salud se ha convertido, definitivamente, en un bien de lujo en la Argentina de 2025.









