Tras un fin de semana de teléfonos al rojo vivo, la diplomacia argentina logró una tregua parcial en el conflicto fronterizo con Brasil. Autoridades de ambos países acordaron implementar un “canal verde” prioritario para camiones con productos perecederos (lácteos, frutas) y componentes automotrices críticos, logrando liberar unas 500 unidades que estaban varadas en Paso de los Libres. Sin embargo, el flujo sigue siendo lento y persisten más de 1.000 camiones esperando cruzar.
El acuerdo es técnico, no político. Brasilia mantiene su postura de “rigor reglamentario” como señal de molestia por los gestos de Milei, pero aceptó descomprimir la situación para no dañar a sus propios industriales de San Pablo, que empezaban a reclamar por la falta de piezas argentinas. Es una paz armada donde la burocracia actúa como arma de negociación.
En la Cancillería argentina respiran aliviados pero saben que la solución es precaria. Se ha instruido a los embajadores a bajar el perfil mediático y gestionar en silencio. El objetivo es pasar el verano sin un quiebre comercial definitivo, apostando a que la relación se encauce por la vía de los negocios y no de la ideología.








