Sin embargo, el salón también puso de relieve el esfuerzo de los fabricantes extranjeros por adaptarse a la imagen de sus contrapartes chinas en ascenso. Durante los lanzamientos de nuevos modelos, ejecutivos de empresas occidentales como Volkswagen (VW) y Mercedes-Benz alternaban con fluidez entre el inglés y el mandarín. VW cerró su presentación con una exhibición de danza china contemporánea acompañada de música electrónica, mientras que Mercedes eligió presentar un rap en chino.
Para hacer frente a la erosión de su participación en el mercado, compañías de todo el mundo están modificando sus estrategias para parecerse más a sus rivales chinos, no solo dentro de China. Esta estrategia podría tener éxito, ya que François Provost, CEO de Renault, reconoce que China lidera actualmente en tecnología, agilidad y competitividad. Para alcanzarlos, los ejecutivos automotrices buscan adoptar prácticas chinas y colaborar con empresas del país. Si se hace correctamente, esta táctica podría ayudar a cerrar la brecha existente. Sin embargo, el camino está sembrado de desafíos complejos.
Contener el avance del vertiginoso crecimiento automotriz de China es vital. La participación de las empresas extranjeras en el mercado chino se ha reducido casi a la mitad en un período de cinco años, alcanzando aproximadamente el 30% en 2025. Además, en 2023, China superó a Japón y se convirtió en el mayor exportador mundial de automóviles, con más de 8 millones de vehículos exportados en 2025, lo que representa un aumento de casi un tercio respecto al año anterior. En Europa, las marcas chinas han escalado de casi no tener presencia a representar cerca del 9% de todas las ventas en los últimos cinco años, según la consultora Schmidt Automotive Research. Los fabricantes de automóviles establecidos también enfrentan presiones en mercados que abarcan desde México y Brasil hasta Indonesia y Malasia.
Los vehículos chinos son económicos y están dotados de tecnología avanzada. Colaborando frecuentemente con gigantes tecnológicos locales, los fabricantes de automóviles en China han desarrollado software que se ha vuelto un elemento diferenciador significativo; entre los ejemplos más recientes están la integración de sistemas de inteligencia artificial controlados por voz.
El ritmo de innovación en la industria es sorprendente. “La velocidad china” se ha convertido en el “compás” de la industria, como lo expresa Ola Kallenius, director de Mercedes-Benz. El ciclo tradicional de desarrollo de productos, que solía tomar entre 40 y 80 meses para nuevos modelos, se siente ahora dolorosamente lento. Los procesos de producción diseñados para vehículos eléctricos (EVs) son ejemplo de esta agilidad.









