Una interrogante clave es si realmente estos recursos tienen un impacto macroeconómico significativo para Argentina. Algunos analistas mencionan que, de acuerdo con la base de datos de riqueza natural del Banco Mundial, el país tenía un bajo valor de riqueza natural per cápita en 2020. Sin embargo, esta fuente contiene discrepancias, ya que por ejemplo, asigna un valor nulo a las reservas de petróleo y solo considera un 10% del total estimado de recursos no renovables para el gas natural. Además, la situación de 2020 contrasta notablemente con la actual, así como con las proyecciones futuras.
Otra forma de evaluar la cuestión es a través de las exportaciones per cápita. Chile, el país de la región con mayor cantidad de recursos no renovables, genera alrededor de 3000 dólares en exportaciones mineras (principalmente de cobre y litio) por habitante. En comparación, se estima que para 2026, el total de exportaciones de hidrocarburos y minerales en Argentina alcanzaría solo 350 dólares por persona. Sin embargo, las proyecciones del gobierno sugieren que esta cifra podría aumentar a 1000 dólares en 2030 y alcanzar la mitad del nivel chileno para 2035. Esto implicaría un incremento de aproximadamente 60.000 millones de dólares en exportaciones durante la próxima década, lo que respalda la idea de que la explotación de recursos no renovables puede tener un peso macroeconómico importante.
La siguiente cuestión a considerar es el enfoque que han adoptado otros países ricos en recursos no renovables. Muchos han establecido fondos soberanos con diversas finalidades: a) garantizar un ahorro que permita compartir los beneficios de un recurso limitado con futuras generaciones; b) funcionar como un fondo de estabilización para el presente; o c) financiar inversiones en capital humano o infraestructura que impulsen el desarrollo.
Noruega ilustra el primer caso, mientras que Chile representa el segundo. En Noruega, se estima el valor presente de la riqueza hidrocarburífera que corresponde al Estado con base en las reservas proyectadas y la participación estatal en la producción, ya sea a través de empresas públicas o impuestos. El Banco Central de Noruega, que gestiona el fondo, tiene como objetivo obtener un retorno del 3% (anteriormente 4%). La clave de este modelo radica en que los recursos son invertidos fuera del país en activos diversificados; solo el rendimiento a largo plazo, multiplicado por el valor de la riqueza, ingresa a las cuentas públicas (lo que representa varios puntos del PBI). Así, se garantiza una distribución equitativa de la riqueza entre generaciones y se evita









