Evitar establecer contacto visual durante una conversación puede ser visto como un signo de timidez o inseguridad; sin embargo, la realidad es más compleja. Los expertos en psicología destacan que este gesto puede revelar diversos rasgos de personalidad que quizás no se reconocen. ¿Qué dice la ciencia al respecto? Si te identificas con esta práctica, este artículo podría interesarte. Mantener la mirada fija en un intercambio verbal resulta complicado para muchas personas, ya que a menudo se interpreta como una forma de intimidación. No obstante, hay quienes prefieren desviar la mirada hacia abajo. ¿Este comportamiento posee una connotación negativa? Los especialistas en salud mental han llevado a cabo investigaciones para desentrañar este hábito, obteniendo hallazgos significativos. Según la obra Gaze and Mutual Gaze, publicada en 1976 por Michael Argyle y Mark Cook, el contacto visual en una conversación tiene múltiples significados en la comunicación interpersonal. A menudo, se interpreta que apartar la mirada indica que una persona se siente tímida, busca evadir la interacción o, en situaciones extremas, podría estar engañando al interlocutor. En términos simples, es una manifestación de incomodidad durante el diálogo. Adam Kendon, en su estudio titulado “Some functions of gaze-direction in social interaction”, subraya que la dirección de la mirada tiene el potencial de afectar las relaciones sociales. Para Kendon, desviar la vista puede indicar la necesidad de una pausa antes de continuar con la conversación o la búsqueda de más espacio. Es evidente que cada contexto aporta una clave diferente para interpretar este gesto. Por ejemplo, el investigador Joseph A. DeVito sostiene que puede denotar sumisión, distracción, nerviosismo o desinterés en la temática tratada. Otros estudios que abordan este comportamiento sugieren que aquellas personas que evitan la mirada directa pueden estar intentando gestionar la tensión social que sienten o buscar una mayor seguridad emocional.









