El partido más reciente contra Rosario Central marcó un nuevo golpe para el elenco de Núñez, que ahora acumula su quinta caída en fila: tres en el presente torneo y las dos anteriores si se incluye la final perdida con Belgrano en mayo. Este lamentable registro es inédito desde el Clausura de 1994 y casi un siglo sin experimentar estas dificultades en el ámbito local.
La respuesta de los hinchas en el Monumental fue inmediata. En medio de una atmósfera de creciente tensión, los seguidores expresaron su frustración a través de una intensa lluvia de silbidos que apuntó tanto a los jugadores como al cuerpo técnico, incluso dirigiéndose con reproches a la Comisión Directiva del club. Este descontento se hace eco de un contexto futbolístico que resulta alarmante.
La situación del equipo se ha tornado enigmática. La llegada de malas energías parece ser constante, y lo que puede salir mal, en efecto, sale mal. El clima de incertidumbre se intensificó tras la decisión de que ni los futbolistas ni el entrenador harían declaraciones independientemente del resultado obtenido en la cancha. La decisión del entrenador, Chacho Coudet, de incluir en el juego a ocho suplentes y no completar el listado de convocados, ha despertado interrogantes sobre su mensaje: ¿una respuesta a la controversia sobre los 14 jugadores desvinculados o simplemente una reluctancia a incluir a más jóvenes en el primer equipo?
La reacción de los hinchas, exclamando consignas como “movete, River, movete” y “pongan más huevos, pongan más corazón” mientras el equipo se calentaba antes de iniciar el partido, indicaba un deseo de cambio. La condición del campo de juego, aún afectada, no ayudó al desempeño colectivo. En un desarrollo poblado de adversidades, Nicolás Otamendi anotó en propia puerta, Ledesma dejó escapar una pelota que pudo haber costado un gol y el arquero de Rosario Central, Jeremías Ledesma, evitó que Lucas Beltrán pudiera empatar con la punta de sus pies.
La cuestión que atormenta a los aficionados es evidente: ¿dónde residen los problemas del plantel? ¿Son atribuidos a los jugadores, al cuerpo técnico o a decisiones de la dirigencia? Además, la decisión de enviar a 14 futbolistas a entrenarse a Cantilo, en vez de tenerlos en el grupo principal, ¿ha afectado colectivamente al equipo?
Las preguntas permanecen sin respuesta, así como la línea de juego que intenta desarrollar el equipo. Aunque hay un cúmulo de talentos, la falta de cohesión y un planteo que no ha sabido materializarse se hacen visibles. La defensa incluye a tres campeones del mundo, aunque uno de ellos, Acuña, no pudo participar por encontrarse lesionado. Sin embargo, contar con esa categoría a veces no es suficiente para afrontar la presión del fútbol argentino, que exige tanto.
River se ha visto vulnerado por un rival que, a pesar de su propia cotidianidad, sabe aprovechar las oportunidades. Campaz logró desbordar a Montiel con facilidad y Martínez Quarta se vio perdido en varias ocasiones, mientras que Otamendi, al intentar rechazar un balón, lo terminó mandando a su propia red. En el lateral izquierdo, Rivero, que no se desempeña como un defensor natural, se convierte en un punto más débil en la estructura. Matías Viña fue dejado de lado y el cuerpo técnico no parece tener confianza en la inclusión de jóvenes talentos como Facundo González o Valentín Lucero.
En el centro del campo, se encuentran dos volantes centrales destacados en el Brasileirao, como Vera y Moreno, que no logran mostrar su mejor versión y juegan contenidos. A eso se suma un Colidio, que ha colmado la paciencia de los hinchas debido a su falta de rendimiento.
El único punto positivo se presenta en la figura de Freitas, que obtuvo los aplausos más sonoros por su actuación, y un Santiago Beltrán que salvó una situación crucial al detener un mano a mano con Campaz, quien tenía todo a su favor para sentenciar el partido. En esos instantes críticos, el reclamo de los hinchas se escuchaba con fuerza.
A pesar de las oportunidades para empatar en la segunda mitad, la falta de definición resultó fatal. Rosario Central, en cambio, encontró en la jerarquía de Di María, la velocidad de Campaz, las intervenciones decisivas de Ledesma y la solidez de Ovando y Ávila, la fórmula necesaria para llevarse el triunfo y profundizar la crisis que vive River en este momento.
Las calificaciones individuales fueron moderadas: Santiago Beltrán (6); Gonzalo Montiel (4), Lisandro Martínez Quarta (4), Nicolás Otamendi (4), Lautaro Rivero (4); Aníbal Moreno (4), Fausto Vera (3); Joaquín Freitas (6), Lautaro Pereyra (5), Facundo Colidio (3); Rafael Borré (4). Director técnico: Eduardo Coudet. Por el lado de Rosario Central, destacaron Jeremías Ledesma (6); Emanuel Coronel (4), Ignacio Ovando (8), Gastón Ávila (6), Agustín Sández (5); Franco Ibarra (6), Vicente Pizarro (5); Gonzalo Cantizano (7), Ángel Di María (7), Jaminton Campaz (7); Enzo Copetti (6). Director técnico: Jorge Almirón. La calificación del partido fue considerada regular, mientras que el árbitro Nicolás Ramírez tuvo una nota de 5. La figura del encuentro fue Ignacio Ovando.








