El presidente Javier Milei ha intensificado su retórica confrontativa hacia su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva. Tras su reciente paso por San Pablo, el mandatario argentino reafirmó sus calificativos de “ladrón” y “corrupto” contra el líder del PT, profundizando un quiebre ideológico que parece no tener retorno en el corto plazo. Durante su participación en la Convención Nacional del Partido Liberal, Milei no solo atacó la gestión actual de Brasil, sino que intervino directamente en la política interna al respaldar la candidatura de Flávio Bolsonaro para las elecciones del 4 de octubre.
Al ser consultado sobre si sus declaraciones en suelo brasileño habían sido excesivas, Milei se mostró desafiante: “¿Mentí en Brasil?”. El jefe de Estado argentino sostuvo que es necesario “sacarse de encima a los zurdos, chorros y corruptos” y lamentó que Lula no lo felicitara tras su triunfo electoral. Esta postura se cristalizó en su discurso ante los sectores conservadores brasileños, donde comparó la situación de Brasil con el “Riesgo Kuka” que, según su visión, imperaba en Argentina antes de su gestión.
La disputa entre los dos principales socios del Mercosur ha encendido alarmas en Montevideo. El gobierno de Uruguay, encabezado por el canciller Mario Lubetkin, ha manifestado su preocupación por el clima de hostilidad. Aunque Uruguay ha descartado asumir un rol de mediador formal, argumentando que la resolución depende exclusivamente de Buenos Aires y Brasilia, reconoció que el “tensionamiento” del bloque es contraproducente.
Desde la cancillería uruguaya advirtieron que este conflicto ocurre en un momento crítico para la proyección internacional del Mercosur. Las negociaciones abiertas con la Unión Europea y la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) requieren de una cohesión interna que hoy se ve amenazada por los cruces personales entre Milei y Lula. Según Lubetkin, cualquier elemento que debilite la unidad del bloque dificulta los avances en acuerdos comerciales estratégicos que se vienen discutiendo hace décadas.
La relación bilateral atraviesa su punto más bajo desde el inicio de la gestión de La Libertad Avanza. La crisis ya había escalado previamente con el llamado a consultas de embajadores y la ausencia de una reunión bilateral formal entre ambos jefes de Estado. Si bien las estructuras técnicas de ambas cancillerías intentan preservar el flujo comercial, el componente ideológico ha paralizado la agenda política común.
A pesar de que ambas administraciones descartan, por el momento, una ruptura total de relaciones, la retórica de Milei contra las instituciones brasileñas —incluyendo críticas al juez Alexandre de Moraes— y su alineamiento irrestricto con el bolsonarismo plantean un escenario de incertidumbre. La estabilidad del bloque regional queda así supeditada a una convivencia pragmática que, por ahora, parece estar lejos de alcanzarse.









