Lo que comenzó como una actividad educativa se transformó notablemente, convirtiendo su vivienda en un ecosistema vibrante, que atrajo a diversas especies de anfibios y otros animales a lo largo de los años.
La iniciativa tuvo lugar en 2017, en el marco de una tarea de su clase de secundaria. Antes de empezar con la excavación, investigó sobre el diseño adecuado y posteriormente comenzó a cavar. En la primavera de 2018, el estanque ya estaba lleno de agua, lo que atrajo a los primeros visitantes animales en poco tiempo.
Según comentó su padre, Steven David Johnson, los sapos americanos fueron los primeros en aparecer, apenas semanas después de que el estanque comenzara a llenarse. A lo largo de los años, este espacio ha evolucionado, dando cobijo también a ranas arborícolas grises y ranas verdes.
La transformación del entorno no se limitó al estanque. La familia acondicionó los alrededores con tierra, piedras y plantas nativas que fomentan la fauna local. Se incorporaron especies como el buttonbush, el Joe-Pye weed y el pickerelweed. Posteriormente, se introdujeron nenúfares blancos en el estanque, brindando refugio a anfibios y pequeños organismos acuáticos.
Nueve años después de aquel primer proyecto, el estanque ha sido nombrado Maggie’s Pond y continúa bajo la observación de la joven, quien ahora cuenta con 23 años. Además, el jardín ha obtenido el reconocimiento de Certified Wildlife Habitat por parte de la National Wildlife Federation, una certificación que valida espacios que brindan alimento, agua y refugio a la fauna. Esta historia fue documentada por la organización en su revista National Wildlife en marzo de 2026.









