A medida que los años pasan, un perro que antes corría alegremente hacia la puerta puede comenzar a levantarse con más lentitud, dormir más horas o mostrar mayores dificultades para saltar al sofá. Estos signos son parte natural del proceso de envejecimiento, pero no implican necesariamente una pérdida de interés en disfrutar de la vida. Según Juan Manuel Liquindoli, psicólogo, máster en Etología Clínica y adiestrador canino, la clave radica en ajustar las actividades a la nueva etapa de vida del animal. El experto subraya que los perros mayores no deben dejar de activarse, sino que es esencial encontrar formas alternativas que les permitan mantenerse en movimiento sin exigirles esfuerzos que ya no pueden realizar. Uno de los aspectos que más enfatiza Liquindoli es la necesidad de adaptar los paseos. Una caminata larga y rápida puede resultar excesiva para un perro de avanzada edad. Por el contrario, un paseo más corto que le permita detenerse y oler el entorno puede ofrecerle una experiencia mucho más enriquecedora. Dado que el olfato es una de las herramientas más importantes para que los perros exploren su ambiente, permitirles investigar los olores durante un recorrido representa una excelente manera de mantenerlos activos. Además, el especialista sugiere que se pueden realizar juegos de búsqueda en casa. Esconder pequeñas porciones de alimento en lugares accesibles fomenta el uso del olfato sin necesidad de que el perro realice saltos o movimientos bruscos. Otra recomendación importante es observar el entorno. Si el perro tiene dificultades para subir escaleras, caminar sobre ciertos pisos o acceder a su lugar de descanso, es aconsejable facilitar esas tareas. Implementar pequeños ajustes puede evitar esfuerzos innecesarios y permitir que el animal continúe utilizando los espacios del hogar con mayor comodidad. Sin embargo, adaptar las actividades no implica descuidar la observación del comportamiento del animal. Algunos cambios que se atribuyen a la edad pueden estar vinculados a dolor, enfermedades o alteraciones cognitivas. Si se presentan modificaciones repentinas en la conducta, confusión, irritabilidad, problemas de sueño o una evidente pérdida de movilidad, es fundamental acudir a un veterinario.









