En 1966, Helene Plotkin ingresó a una tienda de objetos usados en White Plains, Nueva York, en busca de artículos para adornar su nueva vivienda. Como profesora de arte y artista, se sintió atraída por diversos cuadros, aunque uno, en particular, capturó su atención. Lo adquirió por menos de US$100 y lo llevó a su hogar, donde estuvo expuesto en el salón familiar durante casi seis décadas. Lo que no sabían era que tras una firma casi ilegible se ocultaba una obra de Francis Campbell Boileau Cadell, uno de los artistas más destacados de Escocia en el siglo XX. Helene recordó más tarde que su formación en historia del arte y su experiencia como artista la llevaron a elegir esa pintura en particular. “La pintura tenía una presencia regia innegable, pero lo que retuvo mi atención fue la teoría del color en juego”, explicó. Durante años, la familia Plotkin convivió con la obra sin conocer su verdadero valor. Barry, uno de los hijos de Helene, recordó que él y su hermano crecieron jugando frente al cuadro, el cual sobrevivió incluso a sus actividades de fútbol americano en casa. La obra estaba etiquetada como “Portrait of Miss Don Wauchope”, pero la firma del artista era tan difícil de leer que nadie sospechó de su relevancia. El descubrimiento empezó en 2025, cuando Barry decidió investigar la obra y buscar una tasación. Una herramienta de inteligencia artificial ayudó a descifrar la firma, sugiriendo que pertenecía a F.C.B. Cadell. Posteriormente, expertos de una casa de subastas en Edimburgo analizaron la pintura y confirmaron su autoría. El cuadro fue reconocido como “Interior: The Lady in Black”, una pieza que Cadell creó en la década de 1920, un período clave en su carrera. Cadell fue miembro de los Scottish Colourists, un grupo de cuatro artistas que integraron influencias del arte francés y se distinguieron por su uso intensivo del color y composiciones modernas. La pintura retrata el interior del estudio del artista en Ainslie Place, Edimburgo, mostrando paredes lilas, un piso oscuro, espejos y diversos objetos decorativos. En el centro se encuentra May Easter, una de las modelos de Cadell, sentada en una silla roja y vestida de negro. La efectiva combinación de colores y la composición resultaron ser claves para que los especialistas identificaran la obra. En junio de 2026, el cuadro se subastó en Edimburgo, donde se vendió por £189.200, incluyendo las comisiones, lo que equivale a alrededor de US$254.000. La diferencia con el precio que Helene había pagado seis décadas atrás es sorprendente. Además, existe un dato interesante: antes de llegar a manos de la profesora estadounidense, la obra se había vendido en Christie’s en Londres por apenas £21 en 1966. Para Helene, este descubrimiento reafirmó su intuición desde el primer momento. Su hijo definió el hallazgo como la validación de la mirada artística de su madre. Así, la pintura que parecía un simple adorno durante 60 años resultó ser un tesoro perdido de uno de los principales exponentes del arte escocés del siglo XX.









