El especialista atribuye este estancamiento a la pérdida de poder adquisitivo, afirmando que “los salarios no están creciendo por encima de la inflación”. Esta situación plantea interrogantes sobre la capacidad del Gobierno para controlar la inflación y reactivar el consumo.
Un aspecto crítico se observa en el sector de supermercados, donde la caída promedio de las ventas alcanza el cinco por ciento. Sin embargo, el sector mayorista presenta una disminución aún más dramática debido a la falta de estímulos para los consumidores.
Pérez Alonso explicó la caída de este modelo de negocio como resultado de un cambio radical en el comportamiento de los consumidores. “En su momento tenía sentido el mayorista porque te permitía hacer cierto stock y la inflación te beneficiaba. Hoy, la realidad es que comprás solamente lo que necesitás”, comentó.
En este contexto de consumo más fraccionado y ajustado a necesidades básicas, el canal tradicional muestra signos de debilidad, mientras que el comercio en línea cuenta con un desempeño considerado “malísimo” en las plataformas mayoristas.
Los efectos de la crisis también se hacen sentir en sectores que históricamente han sido estables, como el de la perfumería y cosmética, donde se reportan caídas “fuertísimas” en tiendas físicas y farmacias, aunque el canal online crece un 70% sin llegar a compensar la caída general. Por otro lado, el sector automotriz ha revertido su aumento del año pasado, presentando cifras rojas, con excepción de los vehículos importados, principalmente de China, y las motos, que se han convertido en una opción de transporte más accesible en medio de la crisis.
Además de la situación económica, el comportamiento del consumo está siendo influenciado por cambios demográficos significativos entre la población argentina. Desde hace varios años, la estructura del hogar ha experimentado una transformación, alejándose del núcleo familiar tradicional hacia configuraciones mayoritariamente unipersonales.
Esta fragmentación impacta las decisiones de compra, redirigiendo volúmenes de consumo hacia el comercio electrónico y los canales de proximidad, en detrimento de los grandes superficies físicas. La búsqueda de inmediatez y la falta de capital para compras masivas están rediseñando un entorno donde el gasto se divide cada vez más.
No obstante, el impacto de la crisis no se siente de manera uniforme en todo el país. Según el análisis de la consultora, que incluyó encuestas en más de 200 localidades, se evidencia una significativa discrepancia entre las zonas metropolitanas y aquellas ligadas a la industria extractiva y agrícola.
Regiones como el Gran Buenos Aires, La Plata, Gran Rosario y diversas localidades de la provincia de Buenos Aires, como Chacabuco, Bahía Blanca y Tres Arroyos, están experimentando un estancamiento en la gastronomía y el comercio minorista, mientras que la Argentina rural y del sector energético está avanzando a un ritmo diferente. El campo y la minería están prosperando, destacando el rol excluyente de Vaca Muerta.
“Lo de Neuquén es algo totalmente distinto. Es otro país, definitivamente”, detalló Pérez Alonso, quien subrayó que cada semana, ocho familias se trasladan a la provincia patagónica. Sin embargo, este dinamismo aún opera de manera aislada y no logra conectar rápidamente con el resto del tejido productivo urbano.
Las proyecciones de YPF sugieren que el volumen operativo se duplicará en el próximo año y podría triplicarse para 2028, lo que ha llevado a las empresas del sector a temer por quiebras en sus cadenas de suministro debido a la falta de proveedores confiables.
A pesar de este crecimiento potencial, la transformación de la macroeconomía no permite que los beneficios se distribuyan de manera equitativa entre los sectores laborales más desfavorecidos. “El señor o la señora que se quedó sin trabajo en el Gran Buenos Aires no consigue empleo en Vaca Muerta automáticamente”, concluyó el experto, resaltando la palpable brecha entre la Argentina energética y la cotidianidad de la población.









