El índice mensual de actividad económica (EMAE) del Indec refleja estas oscilaciones, registrando variaciones mensuales desde octubre del año pasado. En marzo, el último dato disponible, se reportó un notable aumento del 3,5%, tras una caída del 2,5% en febrero y un ligero descenso del 0,2% en enero, después de un crecimiento del 1,9% en diciembre. Sin una tendencia clara, el indicador de “tendencia-ciclo” del organismo muestra una mejora del 0,4% en el primer trimestre de 2023.
Los sectores de la industria y la construcción han experimentado variaciones similares. La actividad industrial aumentó un 2,4% en enero, seguido de una caída del 3% en febrero, un incremento del 3,7% en marzo y nuevamente otra contracción del 2,7% en abril, reflejando cambios constantes en los niveles de producción. Por su parte, la construcción también ha mostrado subas y bajas desde noviembre, con descensos en noviembre, enero, febrero y abril, y mejoras en diciembre y marzo.
En contraste, algunos sectores como el agro, la minería y la producción de hidrocarburos continúan mostrando un crecimiento significativo. Durante el último año, el agro creció un 18% y las minas y canteras un 16,3%, de acuerdo con el último informe de Indec correspondiente a marzo.
El último reporte de actividad económica del Indec señala un aumento promedio del 3,5% mensual; sin embargo, en abril se anticipa un retroceso. Indicadores preliminares de mayo sugieren que podría haber una nueva recuperación. Expertos de Equilibra advierten que los indicadores sectoriales de abril reflejan un retroceso, estimando una caída mensual del 1,5% ajustada por estacionalidad, paralela al deterioro observado en los sectores de la industria y la construcción.
Lorenzo Sigaut Gravina, economista de la consultora, destacó la evidente dinámica de las fluctuaciones. Mencionó que si bien la actividad cayó en abril, los primeros indicios de mayo en construcción indican un retorno al crecimiento, dificultando extraer una tendencia clara. “Esta tendencia de estancamiento persiste si se mira un poco más a fondo”, señaló, añadiendo que parte de la volatilidad se explica por factores climáticos que han impactado el sector agropecuario.
El agro ha tenido un rendimiento importante, pero en abril la cosecha de soja sufrió retrasos debido a las condiciones climáticas. En mayo, las expectativas mejoran con un avance en la cosecha, incluyendo al maíz. Esta variabilidad se debe, en parte, a cuestiones climáticas.
Analytica también coincide en que los datos de abril confirman un mes negativo para la actividad, corrobore la proyección de una caída mensual del 0,8%. Más allá de los movimientos mensuales, se observa que la economía ha perdido impulso. Desde mediados del año pasado, la actividad se mantiene prácticamente estancada debido al agotamiento de los factores que impulsaron la recuperación en la segunda mitad de 2022 y principios de 2023, siendo los principales la recuperación de salarios y un aumento en el acceso al crédito.
Adicionalmente, el aumento en los costos de energía ha introducido una variabilidad adicional en el contexto económico. La dificultad para trasladar estos costos a los precios finales en un entorno de débil demanda genera inestabilidad en la producción de diversos sectores.
Según Qualy, la actividad económica evidencia una “persistente debilidad”, marcada por una heterogeneidad entre sectores y la ausencia de motores sólidos de recuperación. La industria manufacturera presenta un sesgo contractivo debido al deterioro del consumo interno y la disminución en el dinamismo exportador, principalmente en el rubro automotriz. Aunque se observan algunas mejoras mensuales en la construcción y el comercio minorista durante mayo, aún son insuficientes para contrarrestar las caídas interanuales.









