Guillermo Rivas, quien tuvo una carrera destacada en el tenis, se convirtió en padre de dos hijos, Mikaela y Mateo, y también era abuelo. Reconocido mayormente como doblista, su apodo “La Vaca” se originó por su estilo de juego pausado. Se interesó en el tenis tras ver la final del US Open entre Vilas y Connors en 1977. “Para divertirme”, aclaró sobre su decisión de dedicarse a este deporte.
En 1982, Rivas se situó como número uno a nivel nacional en la categoría junior y compitió durante ocho temporadas en el circuito ATP, donde logró su mejor ranking en el puesto 116°. Obtuvo su primer título en 1985 en el Challenger de Parioli, agregando otro en Crans Montana en 1988. Además, fue parte del equipo de Copa Davis como quinto jugador en 1983 y 1984. En 1995, fundó su propia escuela de tenis en San Isidro, que ha formado a más de 15.000 personas. Entre 2006 y 2009, se desempeñó como vicecapitán del equipo de Copa Davis de Canadá, trabajando con el destacado doblista Daniel Nestor, y desde 2010 ha sido entrenador de Barbados. Actualmente, tenía una academia de tenis en Estados Unidos y, junto con el ex jugador peruano Pablo Arraya, dirigía un programa de radio.
En relación a las recientes confesiones de Guillermo Pérez Roldán sobre su padre, Rivas comentó cómo los relatos evocan experiencias de su propia juventud. “Guillermo menciona que reveló solo el 1% de lo que ocurrió y sufrió para no resultar dramático. Ese 1% ya es suficiente para quienes lo vivimos”, apuntó Rivas, compartiendo su historia personal
“Lo sufrí en carne propia a los 17 años, cuando me clasifiqué para competir en las giras de Cosat y europea en 1982, incluyendo Roland Garros y Wimbledon. La Asociación Argentina de Tenis, presidida por Juan José Vázquez, contrató a Raúl Pérez Roldán. Me exigieron un entrenamiento en Tandil que no tenía sentido pues contaba con un equipo de práctica en el Buenos Aires Lawn Tennis”, relató Rivas.
A pesar de su resistencia, Rivas se vio obligado a acudir a ese entrenamiento grupal con otros deportistas, que incluyó a los hijos de Pérez Roldán y otros tenistas.
La experiencia resultó ser peor de lo que Rivas había imaginado. Recordó el trato abusivo que recibió de Pérez Roldán, quien lo insultaba y amenazaba físicamente. “La habitación que nos dieron era inadecuada, un pequeño cuartito sin ventanas ni baño donde nos encerraron. Era una situación angustiante”, enfatizó.
Rivas decidió abandonar el grupo y regresar a Buenos Aires después de una noche de abusos y humillaciones. “Debía salir de allí porque temía por mi vida”, expresó.
Sobre las consecuencias de su decisión, comentó que aunque no fue suspendido por irse, hubo represalias en su carrera, incluida una sanción de un año que se levantó tras demostrar su inocencia. Rivas reflexionó sobre el daño que han causado estos abusos y la cultura del silencio que aún persiste en el tenis argentino, instando a que se hable abiertamente sobre estos temas. “El miedo ha stagnado la denuncia, pero la condena social ahora es necesaria, incluso si los hechos están prescriptos”.









