Aunque parezca mágico, estas luces en el cielo son el resultado de una anomalía electromagnética. Este fenómeno ocurre cuando el viento solar colisiona con los campos electromagnéticos de nuestro planeta. En esencia, se trata de la interacción de grandes cantidades de energía con un escudo protector que nos resguarda de las tormentas electromagnéticas generadas por el Sol.
Consideremos a la Tierra no solo como una esfera en el espacio, sino también como un generador de electricidad. En su núcleo externo, principalmente compuesto de hierro, los materiales se desplazan a gran velocidad, produciendo fricción y, a su vez, energía eléctrica. De alguna manera, podemos describirlo como un gigante generador.
Así, se genera un poderoso campo electromagnético que desvía gran parte de la energía solar. Sin embargo, ciertas cantidades logran filtrarse, electrificando el cielo y provocando tormentas geomagnéticas, particularmente en las regiones polares. En lugar de lluvia y relámpagos, estas tormentas se manifiestan en colores verdes, violetas y amarillos.
Los colores que componen las auroras dependen de las moléculas que emiten estas luces: el oxígeno brilla en verdes, blancos o rojos, en tanto que el nitrógeno se presenta en azules o púrpuras. Estas luminiscencias se originan a altitudes que oscilan entre 100 y 400 kilómetros. El término Aurora, que hace referencia a la diosa romana del amanecer, ilustra esa sensación de un cielo que se ilumina incluso en plena noche.
No se trata de un espectáculo común ni sencillo de observar: las condiciones deben ser ideales, tanto en lo que respecta a la actividad solar como en la claridad del cielo. Por tal motivo, cada observación desde la Antártida posee un valor destacado, tanto estéticamente como científicamente.
Durante esta época del año, la Base Belgrano II experimenta la noche eterna. No hay amaneceres y las temperaturas rondan los -25°C. Esta instalación es la más austral de la Argentina y ha sido el punto de partida para dos expediciones que alcanzaron el Polo Sur, hitos significativos en la historia de la Antártida.
La base fue establecida el 5 de febrero de 1979 con el propósito de continuar con las investigaciones científicas existentes. Es la segunda versión de la antigua Base Belgrano, inaugurada en 1955 y clausurada en 1980 debido al riesgo de desprendimiento de la barrera de hielo Filchner, donde se encontraba.
En este lugar operan el Laboratorio Belgrano (LABEL) del Instituto Antártico Argentino y una estación meteorológica, donde se realizan estudios sobre diversos temas, como la capa de ozono, el anhídrido carbónico y la radiación ultravioleta, en colaboración con Italia; auroras polares, también en cooperación con ese país; variaciones del campo magnético; y el comportamiento de la ionosfera, incluyendo ruidos cósmicos y silbidos atmosféricos.
La base está situada sobre el Nunatak Bertrab, en coordenadas 77º51’S y 34º33’W, en la bahía de Vahsel, en la costa Confín, dentro de la Tierra de Cotas. Se encuentra a 1300 kilómetros del Polo Sur y se destaca por tener cuatro meses de noche polar y cuatro meses de día.









