Esta afirmación surge de un análisis realizado por la Secretaría de Trabajo, que examinó el comportamiento del tejido empresarial en términos de nuevas aperturas y cierres, así como la variación en el número de empleados en cada caso.
El estudio reveló que durante el cuarto trimestre de 2025, cerca de una de cada seis empresas registradas (16,9%) disminuyó su plantilla, mientras que un 3,7% dejó de operar con personal registrado.
El relevamiento se basó en datos del empleo asalariado formal privado y mostró que entre octubre y diciembre de 2025, se perdieron 50.000 puestos de empleo formales, un descenso del 0,8% en comparación con el trimestre anterior, y aproximadamente 6.200 empresas empleadoras cerraron sus puertas, lo que representa una reducción del 1,1%.
Para entender esta tendencia, el informe categoriza las empresas en cinco grupos: aquellas que abrieron y comenzaron a emplear; las que mantuvieron o aumentaron su plantilla; las que cerraron; las que siguen operando pero han reducido su personal; y las que se mantuvieron estables.
Durante este periodo, las empresas que eliminaron puestos recortaron alrededor de 295.000 empleos, mientras que las que contrataron generaron aproximadamente 254.000 nuevos puestos. La Secretaría de Trabajo indicó que la mayoría de la pérdida de empleo no se relacionó con cierres de empresas. De los 50.000 empleos perdidos, solo unos 11.000 se atribuyeron al saldo entre aperturas y cierres. Los 39.000 restantes, que equivalen al 79% del total, provinieron de empresas que continuaron operando pero decidieron disminuir sus plantillas.
“La contracción neta de la cantidad de empresas dio cuenta de una quinta parte de la caída del empleo total en el trimestre”, afirma el documento. En otras palabras, ocho de cada diez empleos registrados perdidos fueron consecuencia de empresas que decidieron recortar personal, mientras que los otros dos fueron por el cierre de firmas.
El informe también analizó si la economía experimenta un cierre excepcional de empresas. La conclusión de la cartera laboral fue que “no hay evidencia empírica que muestre un quiebre estructural en las tendencias del empleo ni en la demografía empresarial”, al menos hasta el cuarto trimestre de 2025.
Para respaldar esta afirmación, se compararon las tasas de apertura y cierre de empresas desde 1996, encontrando que en el último trimestre de 2025, el 3,7% de las empresas dejó de contar con trabajadores registrados, una proporción que fue calificada como “similar” a la observada entre 2007 y 2019.
Según la Secretaría de Trabajo, la diferencia radica en la creación de nuevas empresas. En ese sentido, las aperturas representaron solamente el 2,5% del total de firmas, lo que se considera “uno de los niveles más bajos de la serie estadística disponible”. Este escaso surgimiento de nuevos emprendimientos, según el organismo, es la causa principal de la reducción del tejido empresarial más que un aumento en los cierres.
“La disminución del entramado empresarial se atribuye a un bajo volumen de aperturas y no a un número elevado de cierres”, indica el informe. Asimismo, se sostiene que representa “un fenómeno habitual observado en fases de ajuste del stock de empresas”.
Una consultora, que también analizó estos datos oficiales, destacó que la tasa de apertura de nuevas empresas alcanza su nivel más bajo desde 2002. Solo se registró un número inferior durante la pandemia, cuando las restricciones a la actividad económica fueron sumamente severas.
“Lejos de un cambio estructural, donde los cierres de empresas se compensan con nuevas aperturas, el proceso se asemeja más a un ajuste recesivo, en el que se reduce tanto la cantidad de empresas como los niveles de empleo”, concluyeron desde el centro de estudios.








