Este dilema ya fue conocido por Diego Simeone al frente del Atlético de Madrid, que a finales de la temporada anterior llegó a las semifinales de la Champions, la Liga y la Copa del Rey, un logro que ni Real Madrid ni Barcelona lograron. Sin embargo, el desenlace fue desafortunado para los colchoneros: quedaron eliminados de Europa por un conjunto de 2-1 contra Arsenal, sin posibilidades en el torneo local y derrotados en penales por Real Sociedad en la final de la Copa del Rey. “¿Fuerzas para seguir? Ahora no, seguro que ahora no”, respondió el Cholo tras un quinto año consecutivo sin títulos.
Rodolfo Arruabarrena muestra una perspectiva pragmática similar. Reconoce que simplemente competir no basta en Boca, y lo enfatiza en cada declaración. “Estamos cerca, pero estamos cerca y lejos a la vez. Tenemos que ir pasito por pasito, partido por partido, no pensar tanto en el futuro porque eso genera ansiedad y nervios, que hoy no nos sirven”, comentó antes del partido ante Vasco da Gama. El técnico ya logró la primera tarea urgente que planteaba el club presidido por Juan Román Riquelme, otorgando una identidad al equipo. De seguir este rumbo, Riquelme ya tendría al DT asegurado hasta 2027. Ahora, lo que resta es culminar el trabajo.
Además de expresar su cariño por el club al manifestar que “Boca es lo mejor de mi vida”, el mayor reconocimiento que recibe el Vasco de parte de los hinchas radica en su habilidad para recuperar a jugadores que hace un tiempo parecían destinados a dejar el club. A estas alturas, serán cruciales para cubrir las ausencias. Ya ha manejado el plantel sin Tomás Aranda, y ahora enfrenta el reto de hacerlo sin Leandro Paredes. Esta capacidad de motivar al recambio le fue enseñada por Carlos Bianchi, quien entendía que conquistar dos títulos en un mismo semestre era un riesgo considerable.
En su rol de líder, Bianchi tomaba decisiones difíciles. En 1998, al poco tiempo de asumir en Boca, decidió alinear a 11 suplentes ante San Pablo en una llave de la extinta Copa Mercosur, priorizando el triunfo en un torneo local: el club había sido campeón solo una vez en 17 años. Esta estrategia fue un acierto, ya que aquel equipo empezó a labrar su historia al vencer a Estudiantes y San Lorenzo, consagrándose invicto poco después. Es interesante recordar que el número 3 de esa formación era, precisamente, Arruabarrena.
Desde aquellos días de gloria en los que Bianchi acertaba casi siempre, Boca solo logró festejar en dos ocasiones la liga y la copa. La primera fue bajo la dirección de Alfio Basile, quien ganó el Apertura y la Sudamericana en 2005; la segunda ocurrió durante el primer ciclo de Arruabarrena en diciembre de 2014.
Antes de enfrentar a su par, Arruabarrena reveló que su madre no estaba completamente convencida de verlo nuevamente como entrenador en el club que ama. Se percibe en el DT una espontaneidad que contrasta con la madurez adquirida tras vivir una década en el extranjero. Recientemente, confesó que su primera etapa en Boca le generó un cuadro de diabetes por el estrés, lo que explica las reservas de su madre sobre su retorno. “La tengo controlada”, afirma, como un mantra para él mismo. En definitiva, el fútbol se siente.









