“La mirada nostálgica se desarrolla a partir de los 50 años, convierte el pasado en un paraíso perdido y el presente en una cloaca”, expresó el pensador, quien a sus 59 años comparte que también se esfuerza por contrarrestar esta inclinación. Su mensaje no busca desestimar los buenos recuerdos, sino evitar que la idealización del pasado impida disfrutar de lo que aún se presenta en la vida.
Torralba desafió la noción de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Reconoce que hay aspectos de épocas anteriores que merecen ser valorados, pero también subraya que esas épocas estuvieron marcadas por pobreza, injusticias y crueldades que suelen omitirse en los recuerdos.
“¿Cómo estaban los niños? ¿Cómo estaba la mujer?”, cuestionó, invitando a reflexionar sobre las condiciones de vida y los derechos sociales de generaciones previas. Desde su óptica, mirar hacia atrás sin considerar estas realidades puede distorsionar la comparación con el presente.
En contraposición a esa tendencia nostálgica, el filósofo enfatizó las oportunidades que se presentan en la actualidad. “El presente propone muchísimas bellezas, muchísima bondad, muchísimas posibilidades”, afirmó. Para él, la clave es reconocer los aspectos positivos del pasado sin convertirlos en un estándar inalcanzable para el futuro.
Durante una conversación en el podcast Vidas Ajenas, Torralba también aclaró por qué considera que la esperanza difiere del pensamiento positivo. Mientras que ser optimista puede llevar a minimizar dificultades, tener esperanza implica reconocer los desafíos y, pese a ellos, mantener la convicción de que es posible superarlos.
“La expectativa se funda en la probabilidad, la esperanza en la posibilidad”, resumió. Para ilustrar su punto, relató la historia de un joven que crece en un entorno desfavorable, con familiares encarcelados. Aunque las probabilidades de que termine en prisión son elevadas, esto no determina su futuro.
Además, el filósofo vinculó esta capacidad de sostener una posibilidad con la paciencia. En una sociedad donde se busca la inmediatez en la obtención de productos y servicios, aprender un idioma, dominar un instrumento o desarrollar un oficio demanda tiempo y la disposición a equivocarse. Transferir esta lógica de inmediatez a los proyectos personales puede transformar cualquier demora en una sensación de fracaso.
Torralba compartió una experiencia relatada en el comité de ética que preside. Un hombre de 90 años en una residencia se negaba a comer. Mientras el equipo discutía la mejor forma de actuar, una psicóloga descubrió que había tenido una pequeña empresa de jardinería. La residencia decidió solicitar su ayuda para cuidar el jardín. Al regresar a una actividad familiar y sentirse útil, el hombre comenzó a comer nuevamente. Para el filósofo, esta experiencia resalta la importancia de encontrar un propósito que impulse a seguir adelante, incluso en etapas avanzadas de la vida. “Donde hay un propósito, hay un motivo para vivir”, concluyó.
Torralba también reflexionó sobre la esperanza a la luz de su propia experiencia: en 2023 perdió a un hijo en un accidente de montaña. Posteriormente, abordó el duelo en su libro No hay palabras, que se publicará en 2024.
Al reflexionar sobre los momentos más difíciles, propuso la imagen de un jarrón que se rompe y luego se repara. Aunque nunca regresa a ser exactamente igual, puede retomar su forma y cumplir su función. “Nunca será el jarrón de antes. Pero he reconstruido el jarrón”, resaltó.
Su mensaje no implica negar el dolor ni esperar que todo salga bien. Más bien, aboga por aceptar que muchas cosas no volverán a ser como antes y, aun así, encontrar razones para continuar. En este sentido, citó al filósofo Ernst Bloch: “Toda realidad viene precedida por un sueño”, destacando la importancia de seguir soñando y luchando por esos sueños, incluso si algunos no se concretan.









