El indicador elaborado por JP Morgan ha registrado diez jornadas consecutivas al alza. Solo en septiembre, experimentó un aumento superior al 22% y este lunes cerró en 628 puntos, llegando a tocar los 642, su nivel más alto del año. En paralelo, el dólar oficial se mantuvo en $1545 en el Banco Nación y en $1524,50 en el segmento mayorista.
En términos generales, la escalada del riesgo país es el resultado de una mezcla de factores tanto internacionales como locales que complican el panorama del oficialismo. A nivel externo, el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense disminuye el atractivo de los mercados emergentes, mientras que la subida del petróleo incrementa la presión sobre los precios a nivel global.
Sin embargo, las dificultades locales han comenzado a cobrar mayor relevancia. Por un lado, el Banco Central (BCRA) ha reducido su ritmo de compra de divisas en un momento en que crece la demanda de cobertura cambiaria. Según estimaciones, a pesar de que el sector agropecuario continuó liquidando a un buen ritmo—aproximadamente US$150 millones diarios—, el BCRA solo pudo adquirir US$29 millones la semana pasada, y este lunes compró US$11 millones.
“De mantenerse este ritmo, el mes cerraría con compras netas por solo US$270 millones. Aunque no es un número alarmante, representa una alerta, considerando que la oferta del agro superaría los US$3000 millones, lo que generaría una demanda persistente que podría incrementar la presión en el mercado en los meses venideros, a menos que los precios internacionales continúen en aumento”, afirmaron.
La disminución en la acumulación de reservas es significativa para afrontar los compromisos de 2027, ya que un avance más lento en la compra de divisas limita el margen del Gobierno para cubrir eventuales pagos con recursos propios y aumenta la dependencia de otras fuentes de financiamiento.
Para el próximo año, los compromisos en moneda extranjera se estiman en alrededor de US$25.000 millones, de acuerdo con Fundación Capital. Para cubrir estas obligaciones, el Gobierno tiene como objetivo recaudar fondos a través de privatizaciones por unos US$1500 millones, compras del Tesoro al Banco Central por aproximadamente US$4900 millones, préstamos bilaterales por unos US$2000 millones y emisiones en el mercado local por cerca de US$5000 millones.
No obstante, incluso con estas proyecciones, es vital aumentar el colchón de reservas para evitar nuevas tensiones en el mercado cambiario, dado que el stock de dólares del Banco Central actúa como un respaldo ante los compromisos en moneda extranjera. En este sentido, Fundación Capital destacó que las reservas brutas de Argentina representan un 7,1% del PBI, una cifra baja en comparación con otros países de la región. Para ilustrar, Colombia tiene reservas brutas equivalentes al 12,5% de su PBI; Chile, al 13,2%; Brasil, al 13,9%; Uruguay, al 19,9%; y Perú, al 25,4%.
A las presiones cambiarias se suman la fuerte contracción de la actividad económica en julio y el aumento de la pobreza, que alcanzó el 32,3%. Recientemente, se informó que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) cayó un 2,9% en comparación con junio y un 1,4% en la comparación interanual.
Así, si no hay un repunte económico en agosto y septiembre, el país podría acumular dos trimestres consecutivos de caída e iniciar una recesión técnica. Según los economistas, la actividad debería crecer un 3% en cada uno de esos meses para evitar tal escenario.
La debilidad económica también plantea dudas sobre la capacidad de la actividad productiva para sostener una recuperación, especialmente en sectores rezagados como la industria, el comercio y la construcción. Para que esto ocurra, los especialistas consideran esencial una mejora en el crédito y en los ingresos familiares.
“Con los sectores más intensivos en empleo cada vez más rezagados, se reduce el margen para mejorar el ánimo social justo cuando comienza a asomarse el calendario electoral de 2027”, añadieron.
Este panorama, además, ha incluido el factor político en las conversaciones del mercado. Fundación Capital indicó que los inversores han comenzado a prestar mayor atención al escenario político y notaron diferencias en los rendimientos de los bonos AO27 y AO28, que, según su análisis, reflejan cambios en las expectativas sobre el futuro político.
A esto se agrega la falta de definiciones sobre alianzas políticas. El economista Gustavo Ber también advirtió que los indicadores de confianza aún no muestran señales adecuadas para reactivar el apetito inversor.









