El economista y referente pyme Gustavo Lázzari ha encendido las alarmas sobre un proceso de asfixia financiera que afecta al núcleo de la sociedad argentina. Según sus observaciones en diversas provincias, el nivel de endeudamiento familiar ha alcanzado un punto crítico donde el salario ya no solo es insuficiente para el consumo, sino que se destina íntegramente a cubrir intereses de créditos previos.
Lázzari describe un escenario donde los trabajadores comienzan solicitando adelantos o préstamos internos en sus empresas para cancelar deudas bancarias o de tarjetas. Sin embargo, al agotarse estas instancias legales, la desesperación empuja a los ciudadanos hacia un espiral de insolvencia que compromete su estabilidad laboral y personal.
El ascenso del prestamista informal
Uno de los puntos más inquietantes del relato de Lázzari es la transición del deudor desde el sistema financiero hacia la marginalidad. Relató casos extremos, como en Corrientes, donde empleados solicitan retiros voluntarios no para emprender, sino para cancelar deudas con el “tranza” o narcotraficante del barrio.
Este fenómeno revela una cadena de degradación: el individuo primero “revienta” el cupo de sus tarjetas, luego agota los préstamos personales bancarios y las apps de microcréditos digitales, para finalmente caer en manos de prestamistas informales vinculados al narcotráfico. En estos sectores, la presión por el cobro incluye amenazas directas, lo que genera un clima de terror que supera cualquier gestión de cobranza tradicional.
La advertencia sobre la desregulación financiera
Lázzari planteó una advertencia provocadora pero analítica al Gobierno: el riesgo de que el narcotráfico termine operando con mayor eficiencia financiera que el propio sistema legal. “No vaya a ser cosa que el narcotraficante preste más barato que una billetera virtual”, señaló, subrayando que si las condiciones de acceso al crédito formal son prohibitivas, el delincuente termina ocupando el rol de “héroe” o facilitador ante la urgencia de la gente.
Finalmente, el economista alertó sobre un cambio de paradigma en el crimen organizado. Citó ejemplos como el de Fuerte Apache, donde bandas ya no se enfrentan solo por el territorio para la venta de sustancias, sino por el control del mercado de préstamos. Esta “financiarización” del narcotráfico representa una amenaza institucional grave, ya que permite a estas organizaciones penetrar y dominar las economías familiares bajo una apariencia de auxilio económico.









