En la actualidad, el precio del barril de Brent se sitúa en US$87,06, marcando una distancia considerable respecto a los picos de marzo. En los últimos meses, el crudo ha fluctuado, con un suelo de US$70 y un techo de US$90, en contraste con el rango de US$90 a US$120 observado a principios del año. Esta tendencia ha llevado a los analistas a calificarla como un “equilibrio cinético”.
“Después de la firma del memorándum por los países involucrados, el precio del petróleo descendió rápidamente, volviendo a los niveles previos al inicio del conflicto. Comenzó así un nuevo rango de precios, de US$70 a US$90, donde Irán regula la apertura o cierre del estrecho de Ormuz en función del precio deseado. En paralelo, el discurso de Trump oscila entre la agresividad y el ofrecimiento de negociaciones. Este tira y afloja se centra en mantener el precio del petróleo en un determinado rango”, afirmó Nicolás Max, CIO de Criteria.
Esta semana, cuando el Brent se aproximaba a los US$90, Trump dio la orden de frenar los bombardeos contra Irán con el fin de negociar un nuevo acuerdo de paz, indicando: “Tengo mucha paciencia. Veremos qué ocurre. Creo que hay buenas posibilidades de que algo suceda”.
Max también considera que Irán no tiene interés en que el precio del crudo descienda, lo que podría incomodar a Trump. En Estados Unidos, los precios de los combustibles han aumentado, lo que repercute negativamente en los consumidores y cobra mayor relevancia en el marco de las elecciones presidenciales. A pesar de que la producción de petróleo en Norteamérica ha aumentado, desde 2020 se ha utilizado la mitad de la reserva estratégica de petróleo creada en los años 80.
“Parece que, especialmente desde el lado de Irán, la respuesta a los ataques estadounidenses ha sido menos convencional desde un enfoque bélico. Ha estado más dirigida a presionar económicamente, sobre todo en lo que respecta a restringir la oferta de crudo y otros productos derivados. Este enfoque ha ocasionado un shock económico que resulta más perjudicial que cualquier daño militar que pudieran infligir. Actualmente, la volatilidad persiste, pero el clima se encuentra más calmado, ya que los ataques y respuestas son más comedidos”, agregó Nicolás Gadano, economista jefe de Empiria.
El petróleo ha adquirido la naturaleza de un “arma” en el ámbito de la negociación geopolítica, y Argentina se ha beneficiado en parte de esta situación. Como exportador neto de crudo, el aumento en los precios internacionales se traduce en una “mejora en los términos de intercambio”, permitiendo que el país importe más por la misma cantidad de exportaciones.
“Sin embargo, es crucial abordar cómo los incrementos en el mercado local de combustibles serán gestionados. El Gobierno ha implementado una estrategia mixta para estabilizar los precios al público, mediante tanto la intervención estatal como el esquema de buffer de YPF. Si el conflicto se intensifica y los precios se elevan de manera sostenida, el buffer deberá adaptarse para permitir ajustes en los precios hacia arriba”, concluyó el analista de Empiria.
Emilio Botto, jefe de estrategia e inversiones de Mills Capital, añadió que la evolución del mercado petrolero estará sujeta a tres variables: los acontecimientos geopolíticos, la trayectoria de la economía global y la capacidad de la oferta para ajustarse a cambios en la demanda. “Mientras estas circunstancias sigan en evaluación, se prevé que el petróleo mantenga altos niveles de volatilidad”, comentó.
“En este momento, estamos en un equilibrio dinámico, entre US$70 y US$90. Si supera los US$90, Trump se sentará a negociar; si cae por debajo, Irán cerrará Ormuz nuevamente. Es probable que esta dinámica perdure, al menos, hasta las elecciones en Estados Unidos. Para Argentina, es vital que en los próximos años el precio del petróleo se mantenga lo más alto posible, de modo que ingresen la mayor cantidad de dólares al país”, cerró Max.









