Los choferes se enfrentan a largas jornadas laborales y remuneraciones que apenas cubren sus necesidades básicas. Sánchez enfatiza que a esta problemática se suma la inseguridad. “Hace 25 años que manejo un colectivo. En el AMBA, exactamente”, revela, describiendo su trabajo como “estresante, cansador. Mucha responsabilidad llevamos nosotros arriba del colectivo. La ligamos nosotros como choferes, porque toda la carga de los pasajeros, la responsabilidad la llevamos nosotros”. Aunque poseen un registro profesional, sienten que sus salarios no reflejan su esfuerzo.
Actualmente, Sánchez recibe un salario de un millón doscientos mil pesos ($1.200.000) por jornadas de ocho horas, pero admite que este ingreso resulta insuficiente: “Tengo que hacer otro trabajo de más. Ahora estoy trabajando con mi hijo con la computadora para poder sostener a la familia, que hoy en día me está manteniendo mi hijo, lo tengo que decir. Es lamentable”, expresó con cierta tristeza.
La inseguridad es una constante en su día a día. Relata un episodio en el que uno de sus colegas fue herido con un tiro y lamenta el poco apoyo por parte de las instituciones: “La otra vez le pegaron un tiro a uno de mis compañeros y nadie hizo nada. Ni la política, nadie”. Critica la falta de respuesta tanto del sindicato como de las compañías y el ámbito político en general.
Sánchez también menciona el temor que siente su familia por su seguridad: “Mi hijo, mi familia, tienen miedo que no vuelva a mi casa. Sufrimos la inseguridad en todos lados”. La violencia contra los conductores se ha vuelto habitual y, según él, no se reciben las respuestas necesarias por parte de las autoridades: “Se está pidiendo las cabinas de seguridad y la parte política, en general, no hace nada”, denuncia.
Además, comparte su experiencia como pasajero y los problemas que eso conlleva. “Soy chofer y soy pasajero. Les explico la situación. Les trato de explicar porque no puede ser que nosotros recibamos toda la bronca de los que realmente tienen la solución”. Comenta que los tiempos de espera de los pasajeros son largos. “Están una hora esperando el colectivo. Entre eso te sacan servicio y el pasajero no lo sabe. Yo soy un laburante, como el pasajero. A veces yo no tengo para volver a mi casa”. Muchos de sus compañeros, cuenta, también deben enfrentar la imposibilidad de regresar a sus hogares por la reducción de las frecuencias en el servicio.









