En el peronismo, muchos parecen tener claro lo que La Cámpora representa en la actualidad y lo que proyecta hacia el futuro. Un destacado referente de la provincia de Buenos Aires sostiene: “Entiendo que por los episodios que le tocaron vivir, Maxi no sabe, pueda o quiera comprender en lo que se convirtió. Es curioso que mamando la política de dos padres presidentes no pueda reconocer el patetismo que proyecta exigiendo sumisión al PJ por una supuesta condición de heredero. En el peronismo, tenemos conductores que ganan elecciones, no descendientes ni adjudicatarios sin peso en las urnas”. Esta perspectiva refleja un malestar generalizado hacia la agrupación, con críticas que apuntan a su falta de efectividad y a los resultados en las urnas.
La confluencia de La Cámpora con el peronismo ha sido tensa, y uno de los principales referentes critica a Martín Insaurralde, afirmando que, a pesar de las justificaciones que se puedan dar, la acumulación de bienes por parte de algunos dirigentes de la agrupación es conocida y cuestionada: “Nos matan, y con razón, por las desprolijidades de Martín. Pero ustedes vieron cómo viven y la cantidad de propiedades que acumularon después de sus cargos públicos los Recalde, Wado, Ottavis, las operaciones y viajes de Mayra, el country de su ex marido después de haber manejado las cuentas públicas de Quilmes, las maniobras financieras del Gordo Mena”. Esta crítica refleja un clima de resignación y la necesidad de reconocer la incapacidad de la agrupación para generar un impacto positivo en su entorno.
Al pedir una respuesta a las críticas del PJ bonaerense, dos legisladores de La Cámpora cambian su tono de voz y sostienen: “¿Axel es Cristina? Déjense de joder. Viven en una nube de pedos. Los votos y la tracción, al menos en el Conurbano, son de ella. Es la única conductora. Y Kicillof la ningunea, no la llama y parece sentir vergüenza en visitarla”. Esta defensa enfática ilustra la percepción interna de que Cristina Fernández de Kirchner sigue siendo la figura central en la política del Conurbano, al menos desde el prisma de La Cámpora.
La tensión entre Máximo Kirchner y Kicillof se ha intensificado hasta convertirse en una grieta. La hostilidad mutua se ha insinuado en sus interacciones, y sus tratos se perciben como un choque de egos y aspiraciones. Mientras tanto, el concepto de “Cristina candidata” es una estrategia de Máximo para ejercer presión sobre Kicillof. Sin embargo, esta amenaza parece no inquietar a muchos en el entorno de la gobernación, lo que sugiere una falta de temor a una posible competencia.
Un cacique de la Primera Sección política sostiene: “Máximo tensiona y raspa el fondo de la olla para intentar monetizar el apoyo que le terminará dando a Axel, aunque le estalle el caracú”. Esto implica que la estrategia de La Cámpora podría estar más orientada a obtener beneficios políticos que a consolidar a Kicillof como un candidato fuerte. En este sentido, La Cámpora busca maximizar su valor para intercambiar el apoyo a la candidatura presidencial de Axel Kicillof por recursos y acceso a poder.
Las exigencias de La Cámpora no son menores. Buscan asegurar la sucesión de Kicillof en la gobernación y ocupar una posición significativa en la lista de diputados nacionales. Pero más allá de estas aspiraciones, su verdadero objetivo es la conquista de La Matanza, un bastión significativo del PJ bajo el liderazgo de Fernando Espinoza y Verónica Magario. Un ministro bonaerense señalaba: “Ellos sueñan que con el apoyo de Cristina pueden renacer desde la Tercera Sección. Pero no alcanza con Quilmes, Lanús y algunos satélites como Areco, Azul, Brandsen y Suipacha. Sufren un deseo compulsivo con quedarse La Matanza y plantean que los votos son de Cristina”. Esta declaración demuestra la ambición de La Cámpora por expandir su influencia territorial en la provincia.
En este contexto, Facundo Tignanelli, diputado provincial y figura clave de La Cámpora en La Matanza, se ha posicionado como un adversario directo de Espinoza. Reconocido por su estilo agresivo en la negociación, Tignanelli ha creado y preside una nueva comisión en Diputados para regular el juego en la provincia. Aunque la comisión se presenta bajo la fachada de “Lucha contra la Ludopatía”, algunos críticos sostienen que es un intento de facturas internas disfrazadas, que involucran conflictos no resueltos entre Tignanelli y otros miembros del oficialismo, incluidos Insaurralde y Massa.
Los cercanos al gobernador Kicillof consideran que las acciones de los Kirchner podrían facilitar la derogación de las PASO, lo que sentaría un precedente en la dinámica electoral. Se plantea que tanto Cristina como Máximo estén interesados en que Kicillof no alcance la cima, asegurándose así una mayor cuota de poder en el Senado y la Cámara de Diputados. Este objetivo se refuerza por la situación de Cristina, quien se encuentra en prisión domiciliaria y cuyo deseo de recuperar la libertad podría empujar a Máximo a buscar alianzas que le permitan negociar condiciones más favorables. En la mirada de algunos, el tema de los derechos de los acusados parece secundario frente a la urgencia de salir de la prisión.
En este clima de tensión y rivalidades internas, los movimientos de La Cámpora y la figura de Máximo Kirchner se proyectan hacia un futuro incierto donde las luchas de poder determinarán el rumbo del peronismo y su capacidad de respuesta ante un electorado cada vez más dividido.









