La pasión por viajar y el deporte han formado parte de su vida durante años. Antes de su travesía en África, Natalia estuvo 16 meses en Asia, comenzando en agosto de 2023 con una visita a Jordania, viaje que se extendió más tiempo del esperado. También exploró Sudamérica, pero una lesión en la rodilla la obligó a realizar rehabilitación en Chile antes de regresar a España en junio de 2025.
Una vez de vuelta, en octubre de ese año, adquirió una nueva bicicleta en Cádiz y comenzó su aventura africana. Optó por la costa de Marruecos inicialmente para evitar el complicado cruce del Atlas, y luego se dirigió hacia el Sáhara Occidental.
En el Sáhara, Natalia enfrentó temperaturas extremas y escasas oportunidades para abastecerse. “El tramo más largo fue de unos 300 km, donde solo había dos gasolineras y un restaurante. Sombra, ninguna”, relató.
Durante sus trayectos, algunos camioneros la ayudaron ofreciéndole agua, comida, dinero o incluso un espacio en sus camiones. Para pasar la noche, buscaba refugio en gasolineras o cerca de cuarteles militares, tanto por seguridad como para protegerse del viento.
“Yo dormía en gasolineras y, a veces, junto a los cuarteles militares”, compartió sobre su rutina en el desierto en una charla con un medio especializado.
Viajar sola le brindó la libertad de decidir cuándo necesitaba compañía. En Mauritania, esperó una semana por la llegada de dos ciclistas para compartir el tren del hierro; mientras que en Nigeria pedalearon juntos por precaución, acompañada de un ciclista suizo llamado Igor, ante los riesgos de esa zona.
A medida que avanzaba, el paisaje evolucionó. En Senegal, Natalia se sintió atraída por la música, los colores vibrantes y la hospitalidad de sus habitantes. Con más confianza, comenzó a transitar caminos de tierra y a pasar noches en casas, colegios o iglesias.
La elección del lugar donde dormir es parte esencial de la planificación de cada etapa. Sus recorridos varían entre 60 y 100 kilómetros diariamente, aunque en el desierto ha llegado a cubrir 170 kilómetros en un solo día.
El cansancio, los pinchazos y el estado de los caminos son factores determinantes para su avance. Además, hay noches en las que el calor o los mosquitos dificultan su descanso.
“En ningún momento estuve a punto de cancelar el viaje, pero a veces me da un bajón y me pregunto qué necesidad tengo de estar aquí”, reconoció.
A pesar de los desafíos, Natalia encuentra motivación en los paisajes que se revelan al final de cada cuesta y en los encuentros con niños y familias. “Todos los días hay momentos en los que digo: qué feliz soy”, aseguró.
Tras una pausa en Bilbao con su familia, planea regresar a Camerún el 24 de octubre para continuar su ruta hacia el sur. Aspira a conocer Guinea Ecuatorial y Gabón, alcanzar Sudáfrica y luego subir hacia Kenia. “Calculo uno o dos años más, pero todo está abierto a cambios”, adelantó.
Con miles de kilómetros aún por delante, Natalia ya está pensando en su próxima aventura: pasar una temporada en Kiribati o Tuvalu, dos diminutos países de Oceanía que despiertan su curiosidad. Por ahora, su bicicleta y sus pertenencias la esperan en Camerún para proseguir con el viaje.









