En agosto de 1982, durante una conferencia en la Academia de Ciencias Económicas, Alemann narró cómo se enteró del inicio del conflicto. Fue en una reunión urgente del Gabinete a las siete de la mañana. A pesar de estar en desacuerdo con algunas decisiones, no se atrevió a levantar la mano para expresar: “No tengo dinero”. En vez de eso, ocultó fondos para evitar su bloqueo y tomó decisiones que iban en contra de sus convicciones. El economista Fernando Navajas relató en múltiples ocasiones que en 1982 se encontraba estudiando en Oxford y que la universidad le ofreció un préstamo al inicio del conflicto al vaticinar un inminente bloqueo de su cuenta. “No hace falta, ya pasé por el banco y retiré la plata”, fue su respuesta.
La economía argentina emergió del conflicto en una situación crítica, con deudas impagas y Alemann dejó su puesto al caer Galtieri. “Adapté la economía a la guerra —declaró el entonces ministro de Economía—, la financié con impuestos, no con endeudamiento ni con emisión. Con seis impuestos, con eso nos arreglamos. La guerra no significó un gasto excesivo, solo se añadieron costos a los habituales para el área militar. Luego de la guerra, renunció Galtieri y también todo su Gabinete. Tan simple como eso. Desde entonces, me negué sistemáticamente a aceptar cargos públicos”. Casi diez años después recibió una oferta para ocupar nuevamente el cargo de ministro de Economía, esta vez durante la presidencia de Carlos Menem, tras la renuncia de Domingo Cavallo en 1996, pero prefirió rechazarla.
En términos de resultados fiscales, el sector público no evidenció un deterioro acentuado durante 1982, el año del conflicto. El déficit fiscal primario se situó en un 3,7% del PBI, cifra que fue menor al 5,4% del 1981, el último año bajo la gestión de José Martínez de Hoz. En 1983, último año del régimen militar, se elevó a 6,4%. Sin embargo, al considerar los intereses de la deuda, el déficit financiero total para 1982 alcanzó el 11,4%, una cifra similar al 11,3% del año anterior y al 10,4% de 1983.
La inflación también tuvo un comportamiento notable. A pesar de que Alemann afirmó que no se financió el gasto mediante emisión monetaria, la inflación se disparó después del conflicto. En el inicio de la guerra, la tasa de inflación era del 3,1% mensual mientras que en julio trepó a un 16,3%. A lo largo de 1982, la inflación acumuló un 209,7%, en comparación con el 131,3% de 1981.
Para el actual ministro de Economía, Luis Caputo, las circunstancias difieren de manera significativa. En primer lugar, Argentina retorna al tema de Malvinas con cuentas públicas equilibradas, sin la inminencia de ajustes drásticos ni la carga de un conflicto armado. Por otro lado, se anticipa que, a diferencia de 1982, la inflación podría empezar a descender. Las proyecciones señalan que la cifra de inflación mensual podría comenzar la próxima semana en un 1%. Cabe recordar que la última vez que se registró un inicio mensual con un uno fue en 1974: desde entonces y hasta 1985, bajo el Plan Austral, la inflación nunca volvió a abrir con esa cifra.
En términos actuales, Argentina no enfrenta una situación de default. Aunque es cierto que carece de acceso voluntario a los mercados internacionales de crédito, un porcentaje significativo de su población, especialmente en la zona del Gran Buenos Aires, vive en condiciones de pobreza.
En resumen, las trayectorias de la economía nacional en el contexto de la cuestión Malvinas son marcadamente distintas a las de 1982. Esto implica que también lo son los desafíos que enfrentan Alemann y Caputo: uno tuvo que mitigar la situación y la otra se encuentra en un proceso de estabilización. La historia enseña que las decisiones de las autoridades no deben basarse en deseos, como ocurrió en 1982. La economía no solo estaba en un estado delicado, sino que además la política no tuvo en cuenta determinadas alertas. Esteban Takacs, quien era embajador argentino en Washington durante los acontecimientos de Malvinas, contó que cuando el gobierno estadounidense se enteró del despliegue de tropas argentinas, Ronald Reagan conversó con Galtieri y le dijo: “Frene”. Por su parte, Alexander Haig, entonces secretario de Estado, convocó a Takacs el 1 de abril de 1982 y le transmitió tres puntos fundamentales: “Primero, no sabemos dónde quedan las Malvinas. Segundo, la cuestión de la soberanía no nos importa. Tercero, si hay guerra, estamos con Gran Bretaña. Por favor, infórmale estos tres puntos a las Fuerzas Armadas. ¿Necesita mi teléfono?”. En el presente, Trump afirmó que sabe dónde están las Malvinas y ahora Milei cuenta con su contacto.









