Jennifer Florez, psicóloga con especialización en bienestar emocional y relaciones de pareja, sugiere que, ante este tipo de dudas, es primordial formular una pregunta introspectiva. Más allá de preguntarse cuánto se extraña a la persona, es fundamental reflexionar sobre qué aspectos de la relación se añoran y cuáles son los deseos para un bienestar emocional futuro.
A menudo, la dificultad para cerrar un capítulo se interpreta como un signo de amor persistente. Sin embargo, Florez aclara que esto puede tener otra explicación. “No es que no puedas terminar porque lo amas o la amas mucho. No podés terminar porque no podés contigo cuando termines esa relación”, sostiene.
El proceso de ruptura puede desencadenar una variedad de emociones, como ansiedad, tristeza e insomnio, además de una nostálgica tendencia a recordar solo los instantes agradables. Cuando estos sentimientos se intensifican, el deseo de reconectar con el ex puede presentarse como una solución instantánea para calmar el sufrimiento emocional.
Sin embargo, esta búsqueda de alivio puede complicar aún más la separación. “Aunque no lo llames, no le escribas, estás todo el tiempo rumiando”, explica Florez, refiriéndose a la manera en que estas ideas persistentes mantienen la conexión emocional con alguien que ya no está en la vida del individuo.
La psicóloga enfatiza que reafirmar una decisión de separación no implica detener de inmediato todas las emociones. Se trata, más bien, de aprender a manejar esos sentimientos sin que se conviertan en un motivo inmediato para la reconciliación.
Uno de los retos que se presentan tras una ruptura es la tendencia a recordar solo lo positivo. La nostalgia puede distorsionar la percepción de la relación, convirtiendo los mejores momentos en una narrativa incompleta que omite los motivos que llevaron a la decisión de separarse.
Para enfrentar esta trampa, Florez propone una técnica efectiva: escribir. Recomienda elaborar una lista de aspectos que no se deseaban o que produce sufrimiento dentro de la relación, abarcando no solo los grandes conflictos, sino también las pequeñas situaciones recurrentes que deterioraron el vínculo.
Este listado puede servir como una herramienta de referencia en momentos de incertidumbre. En lugar de actuar precipitadamente por ansiedad, se puede detener, respirar y leer lo que se escribió cuando la perspectiva sobre la relación era más objetiva.
Florez también sugiere darle un nuevo nombre a las emociones que surgen en momentos de ansiedad. Ante la urgencia de restablecer el contacto con la expareja, propone recordarse a sí mismo: “Esto no es amor, esto es natural a mi decisión de romper la relación. Es normal”.
Esta reflexión busca distinguir entre extrañar a alguien y la necesidad de retomar la relación; ambas sensaciones no son necesariamente equivalentes. Es posible que una separación cause un profundo dolor, pero también puede ser una elección acertada. La ansiedad o nostalgia no implican por sí solas que haya que revertir la decisión.
Finalmente, tras elaborar la lista, Florez sugiere concluirla con tres preguntas: “¿Esto es lo que extraño? ¿Esto es lo que quiero en el amor? ¿Es lo que merezco?”. Estas preguntas redirigen la atención hacia las propias necesidades y expectativas, en lugar de centrarse únicamente en la añoranza por el otro.
Reflexionar sobre lo que se busca y lo que uno se siente digno de recibir en una relación introduce una nueva dimensión: no solo se pregunta “¿lo extraño?”, sino “¿quiero volver a vivir esto?”.
El proceso de una ruptura representa una pérdida y, como cualquier duelo, puede ir acompañado de emociones poderosas. Intentar reprimir estas sensaciones puede complicar aún más el tránsito por este proceso. La propuesta de Florez se centra en tolerar el malestar sin transformarlo de inmediato en un impulso de regreso. Respirar, escribir, esperar antes de hacer un contacto y recordar las razones de la decisión son maneras de crear un espacio entre las emociones y las acciones.









