Boggiano fue uno de los economistas convocados por el diputado Alberto Benegas Lynch para respaldar la reforma, que busca priorizar la preservación del valor de la moneda, prohibir el financiamiento al Tesoro y restringir la emisión sin respaldo. Durante su exposición, hizo hincapié en que distintos gobiernos, incluidos los peronistas y macristas, hicieron un uso indebido del BCRA, describiendo su accionar como una estafa sistemática contra la sociedad en un intento de destruir el valor de la moneda.
Sin embargo, en la jornada del jueves, con el dictamen ya aprobado pero con un ambiente de tensión palpable, Boggiano modificó su postura. Reconoció que sus expresiones iniciales eran demasiado generalizadas y dijo: “Para ser honesto, hay inexactitudes. El gobierno de Mauricio Macri no tuvo la intención de inflar desaforadamente. No es comparable con otros gobiernos que han buscado directamente atracar al BCRA”. En ese sentido, admitió que su error fue igualar a todos los partidos y aclaró que su crítica debió ser más específica.
Además, Boggiano enfatizó que su intención no era causar molestias entre los legisladores que debían votar en favor del proyecto. “No fue inteligente de mi parte poner de mal humor a la gente que tenía que votar en línea con el Gobierno”, añadió. También reiteró que no todos los gobiernos tienen la misma responsabilidad en la gestión del BCRA y que había intentado detallar su postura durante su exposición.
El economista también indicó que había mantenido una conversación con el diputado Fernando de Andreis, aunque no había recibido respuesta. La tensión generada por sus comentarios fue notable, y Menem se mostró sorprendido por la falta de consideración hacia sus aliados, señalando que había estado al tanto de la convocatoria a los economistas, pero no de la naturaleza confrontativa de sus declaraciones.
La situación se volvió crítica el miércoles, cuando el oficialismo estuvo al borde de no lograr el dictamen en una de las reformas más significativas para el presidente. Los dardos lanzados por Boggiano impactaron en aliados de Pro, la UCR y otros bloques provinciales, lo que hizo que la negociación se tornara más compleja. Para calmar los ánimos, impulsó Gabriel Bornoroni, junto a Silvana Giudici, quien había sido parte del Pro, intentando restablecer el orden interno y finalmente alcanzaron las firmas necesarias.
Los economistas participantes, como Héctor Rubini, Ramiro Castiñeira, Aldo Abram y Claudio Zuchovicki, también convocados por Benegas Lynch, contribuyeron a la discusión, aunque no esperaban que la crítica se extendiera más allá del kirchnerismo. El bloque libertario reconoció que casi se comprometía el acuerdo previo con sus aliados. En este clima, De Andreis fue uno de los más fervientes en su desacuerdo, insinuando la posibilidad de que su agrupación no respaldara el dictamen.









