El relevamiento se centró en aquellos individuos que destinaron más del 10% de sus ingresos a compromisos financieros. De los encuestados con deudas, el 77,2% admitió haber tomado nuevos préstamos para saldar deudas previas, y el 62,1% declaró tener al menos un pago atrasado. Además, el 56,2% de las familias en esta situación dedica al menos el 40% de sus ingresos al pago de sus compromisos.
Escolar subrayó que el objetivo del estudio fue analizar el endeudamiento más allá de los hogares que enfrentan grandes montos de deuda. Desde 2019, la consultora lleva a cabo un seguimiento diario de encuestas y, al comparar los ingresos reportados con las obligaciones financieras, se observó un marcado incremento en la brecha entre quienes pueden cubrir sus gastos y quienes necesitan recurrir a créditos.
Uno de los aspectos más relevantes que se desprenden del informe es que el problema del endeudamiento no se resuelve con el primer préstamo. En situaciones donde los ingresos son insuficientes, muchos hogares buscan una nueva fuente de financiamiento para cubrir otra obligación.
En las clases media baja y media predominan las tarjetas de crédito emitidas por bancos, así como los préstamos otorgados por estas entidades y las billeteras virtuales. Para aquellos que perciben menos de $600.000 mensuales, en cambio, aumentan los préstamos de familiares y los créditos de prestamistas informales.
El estudio también tuvo en cuenta estas formas de financiamiento que suelen quedar fuera de las estadísticas oficiales. Según los datos discutidos en la entrevista, quienes acuden a prestamistas informales pueden enfrentarse a tasas que superan el 12% mensual, normalmente por créditos de bajo monto destinados a resolver urgencias inmediatas.
Este ciclo de endeudamiento puede repetirse mes tras mes. “Tomo deuda para pagar alimentos, para pagar servicios. Al mes siguiente la situación no mejoró, no la puedo pagar y tengo que seguir pagando los alimentos y los servicios. Tomo otro préstamo para pagar interés sobre interés”, expresó Escolar.
El economista también hizo hincapié en que muchos de los encuestados hacen esfuerzos por cumplir con sus obligaciones, incluso pagando al menos el mínimo de sus tarjetas de crédito. El verdadero problema surge cuando la relación entre ingresos y deudas se torna insostenible. “Veo personas que ganan menos de 600 mil con deudas que superan los 500 mil”, indicó. La conclusión, según el experto, es contundente: “No pueden pagarlo”.
Las razones que impulsan a los hogares a endeudarse reflejan la magnitud del problema. El 44,5% de los encuestados se endeudó para adquirir alimentos y productos esenciales, mientras que el 32% lo hizo para cubrir servicios, alquiler o impuestos. Los gastos en salud y educación representaron el 5,5%, y los destinados a ropa, calzado y bienes para el hogar, el 5,1%.
En los sectores más vulnerables, la situación es aún más grave: el 90% de las personas necesita endeudarse para cubrir alimentos y servicios básicos.
Los datos sobre los ingresos disponibles corroboran este panorama. El 38,16% de los encuestados aseguró que no logra cubrir sus necesidades básicas, mientras que un 29,1% afirmó que apenas logra hacerlo. En total, el 86,4% no puede cubrir todos sus gastos familiares.
Para Escolar, estas circunstancias demuestran por qué el crédito puede transformarse rápidamente en una cadena de obligaciones. “Hay una responsabilidad de pago en estas personas”, apuntó, pero cuando los ingresos no son suficientes para cubrir tanto los gastos cotidianos como las cuotas acumuladas, una deuda termina financiando a la siguiente.
El estudio también encontró que es complicado salir de este ciclo, ya que apenas el 2% de quienes no pueden hacer frente a sus deudas logró establecer un plan de refinanciación con una entidad bancaria.
Escolar consideró que este dato debe evaluarse en un contexto donde el crédito privado en Argentina continúa siendo limitado. Aclaró que representa alrededor del 5% del PBI, en contraposición a cifras cercanas al 50% en países como Chile y Brasil. Por esta razón, diferenció el problema que enfrentan las familias del posible riesgo sistémico para el sistema financiero.
“No hay un riesgo sistémico por esto. Lo que se observa es que las familias sí enfrentan un problema sumamente grave”, aseguró.
El reto, según el economista, es encontrar una salida que permita a los hogares regularizar sus obligaciones sin cerrarles el acceso al crédito. “Es necesario que puedan pagar, porque tienen la intención de hacerlo, y al mismo tiempo construir una solución que permita que el crédito en Argentina continúe creciendo a largo plazo”, propuso.
El dato más relevante del estudio, en este sentido, no radica únicamente en el monto que deben los hogares, sino en el propósito de su endeudamiento. Cuando el crédito se destina a la compra de alimentos, pago de servicios o mantenimiento de la vivienda, pierde su función como herramienta para financiar gastos extraordinarios y pasa a ser esencial para cubrir necesidades cotidianas. Cuando esa deuda no puede ser saldada, el mecanismo se retroalimenta con nuevos préstamos, acumulación de intereses y atrasos.









