En el contexto de las investigaciones sobre los resultados económicos del engorde a corral, surge una inquietud fundamental: ¿qué parte de esos márgenes refleja la realidad del negocio y cuánto es el resultado de supuestos utilizados en los cálculos? Si dichos resultados fueran auténticos, sería difícil sostener la operación de muchos feedlots. Usualmente, los análisis se centran más en el ciclo futuro: se toma el precio vigente de la invernada, se establece un posible precio de venta del ganado engordado y se evalúa la conveniencia de iniciar un nuevo engorde. Sin embargo, antes de proyectar qué acciones tomar en el futuro, es esencial revisar lo acontecido en el ciclo anterior. En primer lugar, el final del ciclo. El resultado de un ciclo que ha concluido debería calcularse tomando en cuenta el precio de venta real que se logró, el costo de la invernada al momento de la compra y todos los gastos efectivamente incurridos. Al hacer esto, se puede obtener el resultado económico real del proceso, en lugar de una proyección hacia el futuro basada en las circunstancias actuales. Esta evaluación es clave, ya que el resultado de un ciclo influye directamente en la posición desde la que se inicia el siguiente. La realidad de comenzar de nuevo tras una ganancia no es la misma que hacerlo luego de una pérdida. Una vez que se tiene este resultado, se puede efectuar un análisis sobre la viabilidad de comenzar un nuevo ciclo con los precios actuales. En este escenario, el precio futuro del ganado engordado sigue siendo incierto. Por esta razón, en vez de considerarlo como un dato seguro, es útil calcular el precio que debería alcanzar el ganado para que el nuevo ciclo sea viable. Esto ayuda a diferenciar entre evaluar lo que ha sucedido y lo que podría suceder. El costo del alimento. Otro aspecto a debatir es la valoración del alimento producido internamente. Si se cultiva en tierras propias, el costo de oportunidad debe originarse en el recurso primario, es decir, la tierra. Esto implica considerar la alternativa productiva que se ha desestimado al dedicar la tierra al maíz. En el caso de producir en tierras arrendadas, la cuestión es más sencilla: el costo del alquiler se suma al costo de producción del alimento. Esto es especialmente relevante en los sistemas integrados de agricultura y feedlot. Generalmente, el productor no compra en el mercado el aporte energético que necesita para alimentar a la hacienda, sino que lo produce en su propio establecimiento, adquiriendo si es necesario sólo suplementos como núcleos proteicos o minerales. Por ende, evaluar el maíz utilizado en el feedlot como si tuviera que adquirirse al precio de mercado puede llevar a sobrestimar el costo de alimentación. La confusión surge al confundir el precio de venta del grano con el costo económico correspondiente dentro del sistema. Una vez que se decide cultivar maíz, cambiar su costo de oportunidad cada vez que varía el precio de mercado implica modificar retrospectivamente decisiones ya tomadas. El grano seco posee características que lo hacen almacenable, transportable y vendible. Por lo tanto, mientras está en almacenamiento, se pierde la oportunidad de venta que no se está ejerciendo. Este costo debe reflejarse mediante el costo financiero del capital detenido y los gastos de almacenamiento. No es correcto ajustar cada cambio en el precio del maíz como un nuevo costo de oportunidad. Si no, una empresa integrada puede mostrar un rendimiento inferior en el feedlot y un mejor resultado en la agricultura, únicamente por cómo se valora una transferencia interna. La ilusión óptica en los márgenes. Aquí se presenta una de las principales distorsiones en los márgenes del feedlot. Se consideran los precios de compra y venta del momento, a la vez que se valora el alimento a precios actuales, mientras que el precio de venta del ganado aún está por definirse. Esto lleva a mezclar precios actuales de compra, costos de alimentación calculados con valores actuales y un precio de venta hipotético. Aunque este resultado puede servir como un escenario, no necesariamente refleja la realidad económica del ciclo en progreso. La pregunta crucial debería ser: ¿cuál fue el resultado del ciclo anterior? Y: ¿qué resultado se esperaría de iniciar hoy un nuevo ciclo? Ambas son evaluaciones distintas. Además, hay ocasiones en que puede ser conveniente iniciar un nuevo ciclo aunque el resultado económico proyectado sea negativo. Si la infraestructura ya está establecida, ciertos costos deberán ser asumidos independientemente de si se produce o no. Por ello, si la relación que emerge de la tasa de corte es favorable, y el nuevo ciclo permite cubrir los gastos directos, avanzar en la producción podría resultar en una pérdida menor que paralizar toda actividad. Esto no indica que el ciclo sea rentable, sino que, ante costos fijos que deben ser afrontados, es preferible incurrir en una pérdida menor en lugar de permanecer inactivos. Aquí se vuelve clave distinguir entre el resultado económico total y el margen de contribución. La tasa de corte. Esta herramienta permite analizar la relación entre tres variables cruciales del proceso: el precio de compra del ganado, el precio de venta y el costo del alimento. A través de las relaciones de compra/venta y alimento/gordo, se dispone de una herramienta atemporal que facilita observar rápidamente el riesgo y el potencial de rentabilidad de un modelo productivo. La curva de tasa de corte ilustra las combinaciones posibles de estas relaciones para un modelo productivo específico y sus parámetros físicos como la ganancia diaria de peso y la conversión. Su propósito es proporcionar un análisis ágil de cómo cambia la situación del negocio ante variaciones en las relaciones de precio de compra, precio de venta y costo de alimentación. Dado que opera con relaciones y no solo con valores nominales, permite comparar diferentes momentos y escenarios sin depender de los precios absolutos de un período determinado. Aunque no sustituye el resultado económico, su función es mostrar, de manera rápida, cómo se ve afectada la situación productiva al modificar las relaciones entre los precios. Es indispensable que el análisis económico distinga claramente tres etapas: lo que ha sucedido, lo que está sucediendo y lo que se decidira a partir de ahora. El ciclo final debe evaluarse con precios y costos reales. El ciclo futuro debe analizarse con los precios actuales y con supuestos claros sobre los precios de venta. El costo de oportunidad, por su parte, debe estar relacionado con la decisión de producción original, especialmente en el caso de recursos propios como la tierra. Si el grano almacenado genera un costo por no haber sido vendido, este costo debe ser considerado como una inmovilización financiera y gastos de almacenamiento, no ajustando permanentemente el costo de oportunidad del sistema. En conclusión, el análisis económico debería clarificar la diferencia entre el resultado de decisiones ya tomadas y la evaluación de decisiones futuras. El ciclo terminado debe evaluarse con precios y costos que efectivamente determinaron su resultado, mientras que el nuevo ciclo debe ser analizado con valores actuales y con supuestos claros sobre lo que aún no se conoce. De esta forma, el precio de mercado adquiere su función adecuada: actuar como referencia para nuevas decisiones, pero no como una herramienta para retroceder en las economías de decisiones pasadas. Antes de definir cuánto se puede ganar en el futuro, es esencial comprender con precisión cuánto se ganó o se perdió en el pasado.









