Julio López, especialista en ciberseguridad, abordó este fenómeno y aclaró la situación: “El teléfono no te escucha, pero nos lee absolutamente todo. La gente tiene mucha paranoia con la tecnología”.
López indicó que gran parte de esta percepción proviene de la información compartida entre distintas plataformas y dispositivos. “Yo busco algo en Google y me aparece después la publicidad en Facebook”, ilustró, señalando que el historial de búsqueda y los intereses recopilados juegan un papel clave en los anuncios recibidos posteriormente.
El especialista también mencionó que la actividad de personas cercanas puede impactar en lo que se muestra en los teléfonos. Según destacó, al compartir intereses y conexiones con amigos, alguien puede llegar a recibir publicidad relacionado con búsquedas realizadas por personas de su entorno.
Por ejemplo, citó el caso de una persona que empieza a ver anuncios de pañales sin haber buscado productos para bebés. Esta situación podría explicarse si algún miembro de su círculo está esperando un hijo, cuyas búsquedas pueden influir indirectamente en la publicidad que recibe el resto.
Respecto a las inquietudes sobre el uso del micrófono y la cámara, López aclaró que los teléfonos cuentan con indicadores que muestran cuando estos elementos están activos. Además, comentó que mantenerlos encendidos consume energía y puede incrementar la temperatura del dispositivo, aunque eso no implica necesariamente que esté siendo espiado.
En opinión del especialista, el verdadero desafío radica en la gran cantidad de información que aportamos de manera voluntaria a la tecnología a través de nuestras búsquedas y rutinas. “Dentro de 20 años, nos parecerá increíble todo lo que nosotros le entregábamos al teléfono hoy”, reflexionó acerca del futuro de la privacidad y el uso de los dispositivos.









