Durante un almuerzo en el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, el canciller delineó los acuerdos comerciales que ha establecido el gobierno en paralelo a las actividades del bloque regional, y confirmó las conversaciones entre Buenos Aires y Beijing para organizar un viaje oficial.
“Empezamos tranquilos”, bromeó Quirno al ser consultado sobre las relaciones entre Argentina, China y Estados Unidos. En relación a una posible visita a China, indicó: “Está previsto. No está confirmado ni programado. Estamos en diferentes conversaciones con ellos sobre temas comerciales y financieros que necesitamos cerrar antes de confirmar un viaje mío, de ‘Toto’ (Luis Caputo) y de Karina (Milei) a China. Todo depende de la conclusión de esas negociaciones”. A finales de julio, ya había hecho declaraciones al respecto.
“China es nuestro segundo socio comercial. Continuamos abriendo mercados con ellos”, sostuvo el canciller frente a unas 150 personas presentes en el salón central de la sede ubicada en la calle Montevideo, en el primer almuerzo que presidió Fernanda Mierez desde su asunción. Quirno citó el ejemplo de la carne para respaldar su argumento: Argentina consiguió acordar con Estados Unidos un cupo de 100.000 toneladas anuales —cinco veces más que el anterior— pero subrayó que ningún mercado puede igualar las 500.000 toneladas que China absorbe.
“Cada país sigue comerciando con China y recibe inversiones de manera habitual. Es fundamental diferenciar entre relaciones comerciales y relaciones estratégicas; no son excluyentes”, remarcó. También destacó que “el alineamiento surge de valores comunes, no es una cuestión automática”. Estas observaciones de Quirno se producen a solo una semana de las declaraciones del embajador de EE.UU., quien instó a las empresas locales a evitar a Huawei y criticó al Partido Comunista Chino.
El almuerzo tuvo lugar en el salón central del Colegio, donde estuvieron presentes, entre otros, los abogados Ricardo Gil Lavedra y Daniel Sabsay; la consejera de la Magistratura Jimena de la Torre; la abogada sanjuanina Claudia Sarmiento y la consejera del colegio Silvia Céspedes. También asistieron representantes de importantes estudios jurídicos.
Por otra parte, al ser consultado sobre la candidatura de Grossi a la ONU, Quirno recordó que Argentina fue el primer país en presentar un candidato, en noviembre del año pasado, y se mostró “muy optimista” respecto a sus probabilidades. Grossi compite con otros diplomáticos por suceder al actual secretario general, António Guterres. En los primeros sondeos informales, se ubicó en tercer lugar, detrás de la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y la costarricense Rebeca Grynspan.
En cuanto a temas regionales, Quirno reafirmó el apoyo argentino al orden constitucional en Bolivia ante intentos de desestabilización, la colaboración con Ecuador contra estructuras criminales, y la coordinación a nivel hemisférico contra el narcotráfico, el lavado de activos y el crimen organizado mediante el Compromiso de Santiago y el Escudo de las Américas. Relacionó estos esfuerzos con la denominada “Ola Azul” en América Latina —Ecuador, Chile, Perú, Colombia, Honduras y Costa Rica— y mencionó la alianza con Israel y la iniciativa de los acuerdos de Isaac.
“La llamada Ola Azul indica que el giro que inició el presidente Milei en Argentina está marcando el nuevo rumbo político de la región. Los principios son significativos cuando se traducen en acciones”, expresó.
Respecto a la política comercial de la cancillería, Quirno celebró la sanción del acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y Singapur, que elimina aranceles para todo el espectro exportable argentino, lo que convierte a ese país en una puerta de entrada a los 680 millones de habitantes de Asia. También resaltó la aprobación del proyecto de adhesión al Tratado de Cooperación en Materia de Patentes, que había estado bloqueado durante 28 años desde su media sanción en 1998. Una vez finalizado este proceso, emprendedores, científicos y universidades podrán solicitar protección para sus invenciones en múltiples jurisdicciones bajo estándares internacionales.
Sobre el Mercosur, el canciller fue claro: en sus 35 años de existencia, el bloque no ha logrado cumplir con los objetivos que se fijaron al momento de la firma del Tratado de Asunción en 1991. Atribuyó esta parálisis a la inestabilidad política en la región, a la burocracia interna y a la falta de voluntad para debatir cuestiones fundamentales, como la validez del arancel externo común en un contexto de libre comercio. “Argentina no tiene tiempo que perder”, subrayó, y adelantó que el gobierno buscará acelerar las relaciones bilaterales dentro de los márgenes que permite el bloque, pero que si algún miembro no acompaña, avanzará por su cuenta.
Otro de los puntos centrales de su exposición fue la seguridad jurídica. “Cuando el Estado pierde el control de sus finanzas y de su moneda, eventualmente ese desorden se traduce en caos legal y contractual”, afirmó, y reiteró: “El gobierno de Milei ha llevado a cabo la reforma más profunda en décadas, bajo una premisa irrenunciable: ‘los contratos se respetan’. Reorganizamos las cuentas públicas, eliminamos distorsiones y devolvimos libertad a la economía sin transgredir derechos ni alterar las reglas en el camino, como ha ocurrido históricamente en Argentina”.
“No es que tengamos un gen en nuestro ADN que nos convierta en incumplidores de contratos; la inestabilidad económica es la causa de que los contratos no se hayan podido cumplir aquí”, concluyó, defendiendo la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
Al final de su intervención, al solicitarle que sintetizara las prioridades de la política exterior, Quirno bromeó sobre un tema ya resuelto: “Traer al Papa ya lo hice”, en alusión a las gestiones para que el Papa Francisco visite Argentina. Luego, de manera más seria, enfatizó que “Argentina ha dejado su posición equilibrista y ahora afirma dónde desea posicionarse y actúa en consecuencia”. En esta línea, reiteró que el alineamiento con Occidente no es automático, sino basado en valores compartidos, y que esas decisiones —incluso cuando colocan al país en “franca minoría” en foros internacionales— se toman de manera consciente.









