Hoy, Ubeira ofreció su disculpa sentado ante los jueces en la sala Auditorium de los tribunales de Comodoro Py. Aclaró que su expresiva reacción no iba dirigida a ninguna de las partes presentes, sino al fiscal Carlos Stornelli, encargado de la causa.
“Me estaba interpelando un colega sobre cómo había caracterizado la instrucción inicial como ‘criminal’, y salió el nombre de Stornelli. Dije ‘sí, ese hijo de puta’. Eso fue lo que pasó”, explicó Ubeira, quien luego añadió: “Generalmente me refiero a Stornelli de esa manera, pero nunca en público”.
El resentimiento de Ubeira hacia Stornelli tiene su origen en un caso judicial anterior, ya cerrado. El abogado, defensor en otras causas de Cristina Kirchner, había acusado al fiscal de intentar instalarle una cámara oculta a través del falso abogado Marcelo D’Alessio, aunque el fiscal fue sobreseído en diversas instancias.
En el marco del proceso por los Cuadernos, Ubeira y otros defensores critican lo que consideran un uso extorsivo de la ley del arrepentido por parte de Stornelli, fundamental para el caso. Empresarios y exfuncionarios han admitido su participación en el esquema de recaudación bajo investigación, en el que la expresidenta es señalada como presunta jefa.
Ubeira ha generado controversia en el juicio por sus declaraciones previas, llamando a los arrepentidos “buchones”, y, la semana pasada, al preguntarle a la testigo Candela Ini, insinuando si era “señora o señorita”, fue objeto de críticas por parte de la fiscal Fabiana León, quien le dijo: “Falta que le pida el número de teléfono”.
En respuesta a las advertencias que ha recibido, Ubeira comentó: “Tengo 72 años, he ejercido esta profesión durante 45. Nunca un juez o fiscal me ha llamado la atención en público. No comenzaré a permitirlo ahora”. Hoy, tras su exabrupto, tuvo que ofrecer disculpas.
Este incidente no fue el primero que vulneró el decorum del juicio. En una etapa anterior, cuando el proceso se realizaba completamente de manera virtual, una cámara aún encendida mostró al exjefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, caminando por su casa sin camiseta.
Uno de los momentos más curiosos al inicio del juicio fue cuando el empresario santafesino Alberto Ángel Padoán, vinculado a Vicentín, siguió parte de la primera audiencia desde su cama, aunque su imagen no fue transmitida oficialmente.









