Con la intención de atraer a las grandes tecnológicas, Milei expresó su apoyo al desarrollo de la inteligencia artificial sin regulaciones, advirtiendo que esto podría acarrear “grandes consecuencias para las sociedades humanas, algunas de las cuales no llegamos a comprender”. De no entenderse tales “grandes consecuencias”, se presentan razones adicionales para desarrollar esta tecnología con todas las precauciones necesarias. Cabe destacar que Milei recurrió a un razonamiento de tipo religioso, efectivo en ese ámbito, pero inapropiado para una cuestión científica.
Una confusión similar exhibió al calificar de “genocidio” la medida que, durante la pandemia, salvó innumerables vidas. El aislamiento, aunque doloroso, fue la única opción viable ante una crisis sanitaria sin vacuna y altamente contagiosa. Las naciones que no implementaron el confinamiento, como Estados Unidos bajo Trump y Brasil bajo Bolsonaro, enfrentaron un alto número de bajas y sistemas de salud colapsados, situación contraria a la vivida en Argentina, donde se respetó el aislamiento. En el contexto estadounidense, los cuerpos se apilaban en camiones de refrigeración debido a la saturación de morgues.
El mandatario argentino descalificó como “experimento de control social” una medida que salvó vidas mientras promocionaba, con fervor, sistemas de vigilancia que ya están en funcionamiento, como el caso de Palantir relacionado con la inteligencia artificial. Esta contradicción puso de manifiesto su retórica demagógica y su tendencia hacia un gobierno autoritario.
En otra parte de su discurso, reafirmó su “firme” alineación con las administraciones de Trump y Netanyahu. Un breve aplauso de su comitiva resonó en un salón predominantemente vacío durante su exposición. En contraste, muchos líderes hicieron hincapié en la defensa del multilateralismo frente a posiciones hegemónicas, como la de Trump. Los europeos expresaron su inquietud por una “guerra híbrida” con Rusia, mientras que los mandatarios de Medio Oriente manifestaron su temor a una expansión del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Milei, con su fuerte respaldo a Estados Unidos e Israel, se encontró aislado en su defensa poco convincente de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas. Justificó un cambio abrupto de postura al afirmar que estaba capitalizando la frustración de Trump por no haber apoyado bombardeos en Ormuz. Sin embargo, el presidente estadounidense mantuvo una relación amistosa con el primer ministro británico, Andy Burnham, sin reunirse con Milei. El libertario, que ha mostrado desinterés por el tema Malvinas, utilizó la soberanía argentina como una moneda de cambio en una negociación entre Estados Unidos y Gran Bretaña, abandonando rápidamente el asunto.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, apenas le dedicó unos minutos en un pasillo, y la única conversación bilateral significativa fue con Netanyahu, quien fue abucheado cuando muchos delegados abandonaron la sala durante su discurso. La soledad de Netanyahu, aliado de Milei, fue notable.
Luego de su intervención, Milei calificó a Trump y Netanyahu como seres humanos “excepcionales”. Esto se dio en un contexto donde Trump amenazó a varios países latinoamericanos, incluida Argentina, con intervenciones. Netanyahu, por su parte, enfrenta una orden de captura de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra en Gaza. Así, la diplomacia del gobierno de Milei se alejó de aquellos que apoyan el reclamo argentino por Malvinas, sometiéndose a la influencia de países que respaldan a Gran Bretaña.
El consuelo que ofreció Trump fue un acuerdo de financiamiento futuro por siete mil millones de dólares para obras en los polos mineros, gasíferos o petroleros. Sin embargo, impuso la condición de que el acuerdo sea aprobado sin discusión de cláusulas en el Congreso argentino.
Lula inició el plenario con un discurso que enfatizó el crecimiento con justicia social, el multilateralismo como estructura internacional y una advertencia frente a la hegemonía. Incluyó una frase que incomodó a Trump: “Brasil no cabe en el patio trasero de ninguna potencia”.
A continuación, Trump insistió en la fuerza de su militar, afirmando que es el más poderoso del mundo, y citó la agresión hacia Venezuela y el bloqueo a Cuba. Afirmó que utilizaría esa fuerza en cualquier nación de América Latina y el Caribe que considere una amenaza a los intereses estadounidenses, instaurando su derecho de intervención bajo la premisa de un supuesto cartel narcoterrorista en las naciones de la región. Este nivel de amenaza implica una seria pérdida de soberanía para los países latinoamericanos, quienes se ven convertidos en ciudadanos de segunda, incapaces de tomar decisiones que incomoden a Estados Unidos.
Trump mencionó la invención del inexistente Cartel de los Soles para justificar acciones en Venezuela, mientras que ambas naciones, Estados Unidos y Brasil, se preparan para elecciones en los próximos días, dando a sus líderes un trasfondo interno. Lula proyectó su respeto internacional, mientras que Trump actuó con una retórica exagerada de su lema









