Inicialmente, Culotta se inclinó por estudiar Agronomía, motivado por su amor por la naturaleza y la vida al aire libre. No obstante, su participación en el centro de estudiantes en un contexto de fuerte efervescencia política, así como la recuperación de la democracia en Argentina, despertaron su interés por la política pública. Por ello, en 1984 decidió cambiar a la carrera de Derecho. Dos años después, ingresó como meritorio a Tribunales, y a lo largo de su trayecto laboral fue ascendiendo hasta llegar a ser el Juez Federal de Tres de Febrero en 2006.
En esta nueva entrega de “Sr. Juez”, un programa que indaga en las experiencias y dilemas que configuran las decisiones de destacados magistrados, Culotta revisa su trayectoria y expone su posición sobre el futuro del Poder Judicial. Candidato al Consejo de la Magistratura por Compromiso Judicial, critica el uso de denuncias como armas de presión sobre los jueces, aboga por la implementación de concursos más ágiles y plantea la necesidad de reducir la injerencia política en la conducción del organismo.
“Cuando uno investiga sobre su apellido, se encuentra con una figura muy relacionada a la historia del deporte argentino. ¿Quién fue Jorge Culotta?” “Jorge Culotta, además de ser mi padre, fue un ingeniero que descendía de inmigrantes y se crió en Burzaco, en el sur del conurbano. Su padre trabajó como ferroviario y tuvo que comenzar a laborar desde los doce años. Mi abuelo, Horacio, logró formar a sus dos hijos como profesionales. Mi padre, además de su carrera en ingeniería, se destacó en el rugby jugando en el Club Pucará, donde en 1952 obtuvo una victoria histórica al convertirse en el primer equipo argentino en derrotar a Irlanda, un evento significativo en la historia del rugby argentino. Recuerdo que, desde pequeño, escuchaba anécdotas sobre los festejos de ese triunfo en los aniversarios. Mi padre vivió hasta el 2001, convirtiéndose en uno de los últimos sobrevivientes de aquella época.”
“¿Le inculcó esa pasión por el rugby?” “Sí. Recuerdo que, de niño, a los cinco años deseaba jugar al fútbol y él me decía: ‘No, juega al rugby, que serás mejor en eso’. Finalmente, lo seguí y lo disfruté enormemente. Aprendí el valor del trabajo en equipo, hice amistades valiosas y viví momentos de esfuerzo que, en mi opinión, forjan el carácter. Me encontraba jugando con lluvia, en situaciones adversas. En ese tiempo, si la pelota no flotaba, jugábamos de todas formas. Todo esto contribuye al desarrollo personal y mental, y el rugby enseña a levantarse tras caídas. Además, fomenta la distribución de roles, donde cada jugador encuentra su lugar, desde los más hábiles hasta los que requieren trabajar un poco más para conseguir la pelota para que otros brillen.”
“Abandonó el deporte cuando comenzó su carrera en el Poder Judicial. ¿Cómo fueron esos primeros pasos?” “Eso fue en 1986.”
“Justo al retorno de la democracia.” “Correcto. En esos momentos, estaba estudiando Agronomía, una carrera que no tenía relación con Derecho, pero que me atraía debido a mi amor por el campo. Comencé en 1981, justo al terminar la dictadura militar, y comencé a involucrarme en el centro de estudiantes. La llegada de la democracia, con su consiguiente efervescencia social, me motivó a tener inquietudes sobre el servicio público. Recuerdo cómo ayudábamos a conseguir cuadernos que comprábamos para revender casi al costo en el centro de estudiantes. A partir de allí, me surgieron inquietudes sociales y políticas, que me llevaron a replantearme si este era mi camino, y decidí comenzar a estudiar Derecho. Esto causó cierta crisis en mi familia, pues mi madre no podía entender cómo podía dejar Agronomía. La convencí de que podría estudiar ambas carreras, aunque inicialmente dudó de que pudiera manejar ambas a la vez. Al final, me focalicé en Derecho en 1984 y, antes de culminar la carrera, logré ingresar a Tribunales en 1986.”
“Así fue como nació su interés por la esfera pública. ¿Por qué optó por una carrera judicial y no por la política partidaria?” “En aquel tiempo, participaba más en la política estudiantil y no significa que no me llamara la política en otros aspectos, sino que inicialmente, al entrar al Poder Judicial, me fui enganchando con la labor diaria. A medida que pasaba tiempo me gustaron el trabajo y el aprendizaje constante. Cuando me integré al Juzgado de Instrucción de Menores, me apasionó el proceso y lo que significa. Pasé por distintas posiciones en el sistema judicial y cuando en los años 1990 y 1991 se abrió una oportunidad para trabajar en el nuevo Juzgado Federal de Morón 2, fui llamado debido a que uno de los jueces había sido mi secretario. Para entonces, me parecía muy lejano. Trabajé primero como empleado y luego como secretario y allí continué, en la jurisdicción de San Martín y Morón, donde sigo hoy. Llevo aproximadamente treinta años allí.”
“¿Y cómo fue el proceso que lo llevó a ser juez?” “Tras ser secretario durante varios años en Morón, empecé a trabajar en la Cámara Federal de San Martín como secretario. En el periodo de 1999 y 2000 empezaron a abrirse concursos, lo que fue una innovación porque antes las designaciones se hacían a dedo. Tenía un colega, Carlos Compairet, que luego fue juez federal en La Plata, quien me motivó a que nuestro camino transitara por los concursos. Me inscribí en concursos en diversas provincias, desde Ushuaia hasta Mendoza, ya que en ese momento tenía la libertad de hacerlo, con mis hijas aún pequeñas. Comenzamos a obtener buenos resultados en algunos de esos concursos, y finalmente, me designaron para el Juzgado de 3 de Febrero, que había sido creado en ese entonces, así que no tuve que cambiar de localidad, un aspecto muy valorado para mí y mi familia.”
“En 2003, entonces, comenzó desde cero. ¿Cómo ve el proceso de selección de jueces? Usted es candidato al Consejo de la Magistratura; si fuera electo, ¿qué propondría para mejorar la selección?” “Considero que el proceso mismo tiene márgenes de mejora, sobre todo en los exámenes. Actualmente, los jurados que evalúan a los candidatos no siempre son especialistas en la materia que deben evaluar. En muchas ocasiones, un jurado de Filosofía del Derecho debe evaluar a un postulante sobre aspectos de un juez penal económico, lo que es problemático. Los exámenes son anónimos, pero la falta de preparación de los jurados puede afectar los resultados. Es esencial capacitar a quienes formulan preguntas para que los temas sean pertinentes al cargo. Así mismo, creo que sería útil crear un banco de datos de exámenes elaborados por profesionales, privadamente, para que sean utilizados conforme a cada caso. Otro aspecto a revisar es el puntaje dado a las entrevistas personales, que en algunos casos ha favorecido a postulantes, quizás de manera no justificada, por ello introduciendo un sistema más transparente que establezca límites claros al puntaje resultante de esa evaluación.”
“Hablando de los concursos, ¿los postulantes que provienen de la carrera judicial tienen ventaja sobre aquellos que vienen del ejercicio privado?” “En cierta medida veo una ventaja debido al oficio, ya que la experiencia en la redacción de sentencias y la valoración de pruebas son habilidades desarrolladas a lo largo del tiempo en la práctica judicial. Sin embargo, los puntajes son comparables entre ambos grupos, por lo que no hay ventajas materiales, sino diferencias en la práctica diaria. La mayoría de los que llegan a ser juez tienen esta formación. A menudo, el abogado se encuentra acostumbrado a litigar y no tanto a resolver desde el interior del sistema judicial.”
“Pero, ¿qué sucede con los tiempos de evaluación de los concursos? ¿Cree que se puede reducir el tiempo que lleva elegir a un juez?” “Sí, pienso que los plazos pueden simplificarse. A veces, el proceso se alarga debido a que hay impugnaciones que resolver, ya que se otorgan plazos para que los postulantes puedan defenderse si consideran haber sido impropiamente calificados. También se debería agilizar la revisión de antecedentes, pues actualmente estos deben ser analizados en conjunto y eso puede demorar el proceso. A veces la etapa en el Consejo puede tomar meses y lento burocráticamente si los consejeros se toman su tiempo, y después el Ejecutivo puede demorar aún más. He tenido la suerte de que mi proceso fue relativamente rápido, ya que, luego de presentarme en 2003, en nueve meses estaba el concurso resuelto y enviado al Ejecutivo, pero este se tomó casi un año más para enviarme al Senado, lo cual es un lada inaceptable.”
“Ahora, pasando de lo que es nombramiento a lo que corresponde a la remoción de jueces. ¿Cómo se evalúa hoy el proceso ante una denuncia?” “Los procedimientos son dos, uno disciplinario y otro de acusación. La mayoría de las denuncias van a la Comisión de Disciplina, y pueden ser pasibles de sanciones que no conllevan remoción, como llamados de atención o multas. Pero estamos muy preocupados, toda la comunidad judicial, por la cantidad de denuncias recibidas. Hay una facilidad extraordinaria para denunciarlos actualmente. Con solo enviar un correo electrónico, alguien puede presentar una queja, y muchas de estas denuncias se relacionan a cuestiones sobre el contenido de las sentencias con las que algunos no están conformes. Los jueces resolvemos bajo la ley, y si una parte no está de acuerdo, tiene derecho a recurrir en instancias superiores. Me parece que no hay razón para que un juez merezca una denuncia basada en una opinión o una interpretación de la ley, por lo que es fundamental establecer un filtro excepcionalmente riguroso para las denuncias recibidas.”
“¿Eso significa que muchas veces el proceso de denuncia se utiliza como un medio para limitar la independencia de los jueces?” “Exactamente, se utiliza como una herramienta de presión. En ciertos casos, si un abogado no está conforme con la resolución de un juez, puede recurrir a amenazar con una denuncia, o bien recusar a un juez solo por el hecho de que no le guste su decisión en relación a una causa. Hay jurisprudencias que establecen que la denuncia debe presentarse antes de conocer la sentencia para poder recurrirla. Sin embargo, este tipo de situaciones se siguen viendo.”
“¿Cuáles deberían ser entonces las prioridades presupuestarias del Consejo de la Magistratura?” “Debería priorizar la mejora de la infraestructura edilicia, que es muy deficiente en muchos lugares. También la tecnología debe ser una prioridad. Hay herramientas tecnológicas que son verdaderamente útiles y específicas para la labor diaria. La implementación de ciertos sistemas y la incorporación de la inteligencia artificial pueden ser invaluables para optimizar el trabajo de los jueces y, por ende, se debe impulsar para que tengan las mejores herramientas posibles. Sin embargo, las condiciones de trabajo son esenciales para tomar decisiones informadas, así que no podemos descuidar la infraestructura, ya que un juez que labora en un ambiente que se está derrumbando no puede trabajar de manera eficaz. Recuerdo que, en mi caso, el juzgado en el que estaba se concibió en 2006, lo trasladamos a un edificio en 2007 y el trabajo en la obra tuvo tantas dificultades que terminaríamos mudándonos en 2024. Hubo años durante los cuales estuvimos en un edificio sin condiciones, lo que demuestra que hay procesos que deberían ser más eficientes.”
“¿Esta incorporación de nuevas tecnologías ayudaría a resolver uno de los cuestionamientos más grandes que enfrenta la justicia, como son los plazos de los procedimientos judiciales?” “Sin lugar a dudas. Si se emplea correctamente, la inteligencia artificial puede contribuir significativamente en la reducción de plazos de resolución, ya que puede agendar tareas, recordatorios, entre otros, facilitando las gestionas que requieren tiempo. Sin embargo, el uso debe ser acompañado de la debida capacitación. He visto responsables que no saben cómo utilizar la inteligencia artificial correctamente al punto de que no han corregido sus errores, lo que resalta la necesidad de instruir adecuadamente.”
“Sobre la feria judicial, ¿cuál es su opinión? ¿La cambiaría?” “La feria judicial no es solo un descanso para jueces y funcionarios, también permite que los abogados puedan equilibrar su tiempo. Si no existiera la feria, no habría un espacio para el descanso y sería complicado para muchos que luego enfrentan plazos. Así que no lo considero un privilegio, sino una medida necesaria. No obstante, le veo un aspecto por revisar. Actualmente, un nuevo ingresante tiene casi un mes y medio de feria, lo cual podría plantearse en un análisis más equitativo, ya que otros con suficiente antigüedad pueden tener más demandas y responsabilidades de atención que los que recién comienzan.”
“Nos encontramos próximos a las elecciones en el Consejo, y se ha notado una división en la lista Celeste. ¿Cree que esto puede impactar positivamente en Compromiso Judicial?” “Sí, pienso que podría ser una ventaja. Esta escisión entre ellos es lamentable, no solo por relaciones que hay entre nosotros, sino también porque se ha visto afectada por la política partidaria. Esto ha generado una disputa que, a mi entender, se ha traducido en una pérdida para ellos. Ahora hay dos listas con el mismo nombre, pero eso sin duda favorecerá a quienes somos una opción distinta. Los votos se dividirán entre ellos, así que tenemos posibilidades reales de avanzar en estas elecciones. Quiero que, si la ciudadanía nos apoya, podamos llevar a dos consejeros: yo, y por otra parte, a Maggie Laiño, quien es jueza de la Cámara del Crimen en Capital, quien me acompaña en esta candidatura.”
“Hablando del equilibrio entre un Consejo más politizado y uno más corporativo, ¿cuál es su postura?” “El Consejo no es necesariamente corporativo, ya que está conformado por diversas corporaciones: el estamento de abogados, de políticos y de jueces. Sin embargo, la representación de los jueces en el Consejo es reducida en comparación con la representación política. La normativa establece que debe existir proporcionalidad, pero aún hay un desequilibrio que favorece a los políticos. El ideal sería alcanzar un balance que impulsara un funcionamiento más justo y representativo. También es importante el rol de la Corte, que al estar empezando a integrarse actualmente al Consejo, aporta un peso político adicional.”
“Volviendo sobre su carrera, al inicio mostró resistencia a considerar el camino de la política partidaria. Ahora, al estar en esta candidatura, ¿ve conexión entre ambas facetas?” “Sin duda, sí. Esa inquietud inicial que viví en los años 80 vuelve a resurgir en este contexto de representación judicial. Este rol nos lleva a lo que se llama la política judicial, donde no se trata de política partidaria, sino de ser un vocero y representante de los jueces dentro del Consejo. Me siento honrado con la posibilidad de ser elegido por mis colegas para representarlos, y es una gran responsabilidad. Esto también refleja mi deseo de servir, similar a lo que viví en mi juventud en el centro de estudiantes. Así que, efectivamente, se interrelacionan estos aspectos de mi trayectoria.









