La demanda fue notable, con ofertas que sumaron $ 9,49 billones, casi el doble de lo necesario para la refinanciación. Este margen proporcionó a Finanzas la posibilidad de elegir, evitando la necesidad de ofrecer tasas más altas por sobre el mercado secundario, dado que la demanda superó ampliamente la oferta.
Sin embargo, lo más destacado no fue la cantidad, sino el plazo. Según lo indicado por Felipe Núñez, asesor del equipo económico, el 60% de lo adjudicado tiene vencimiento a partir de 2028 y la duración promedio de los instrumentos fue de 1,57 años. Este dato resulta relevante para un mercado que, ante las elecciones, suele optar por refugiarse en instrumentos de corto plazo. Una mayoría de los inversores ha decidido mantener títulos del Tesoro a través de este periodo electoral.
“Rollover del 136% de los vencimientos, con una oferta del 190% de los montos que se renovaban”, resumió Christian Viand, socio gerente de Criteria. Destacó que, sin considerar premios en las curvas, se adjudicó un 59% en instrumentos con vencimientos posteriores a las elecciones. Su conclusión fue clara: “Buena señal”.
La licitación incluyó diversas opciones, destacándose la LECAP con vencimiento el 29 de enero de 2027, que captó $ 2,71 billones, equivalente al 41% total, con una tasa efectiva mensual de 2,04%, lo que representa un 27,47% anual. Este segmento refleja la búsqueda de liquidez y se considera un termómetro de la tasa fija a corto plazo.
El resto de los instrumentos se centró en plazos más largos. El bono dual CER/TAMAR, con vencimiento el 14 de diciembre de 2029, atrajo $ 1,70 billones a una tasa real de 6,99% sobre CER, convirtiéndose en el más extenso de la licitación. Este movimiento sugiere que los inversores están buscando protección contra la inflación o las tasas de interés a más de tres años vista.
El título atado a TAMAR que vence el 31 de agosto de 2028, captó $ 1,16 billones con un margen de 9,32% respecto a la tasa de referencia. Además, el dual TAMAR/dólar linked con vencimiento el 31 de enero de 2028, logró $ 1,04 billones a una tasa efectiva anual de 4,35%, ofreciendo una cobertura cambiaria en un contexto próximo a un cambio presidencial.
La variedad de instrumentos colocados en la licitación refleja el estado de ánimo de los inversores. Aproximadamente seis de cada diez pesos adjudicados buscaban algún tipo de indexación: inflación, tasa variable o tipo de cambio, dejando la tasa fija para el corto plazo. Esto no indica desconfianza, sino una postura prudente. El mercado está dispuesto a alargar los plazos, pero exige protección ante las incertidumbres previas a las elecciones.
Para el Tesoro, esta estrategia no solo ayuda a despejar los vencimientos inmediatos y reducir la concentración de pagos a corto plazo, sino que lo hace sin elevar las tasas por encima del mercado secundario, evitando un incremento en el costo de financiamiento y la percepción de que se requiere ofrecer más por los fondos.
El rollover superior al 100% también posee un impacto monetario, ya que los $ 1,75 billones que quedaron en exceso son pesos que se retiran del mercado. En un contexto donde la liquidez bancaria es monitoreada de cerca, el Tesoro actúa nuevamente como un aspirador de pesos.
No obstante, estos fondos permanecerán depositados en la cuenta que mantiene en el Banco Central, disponibles para futuros vencimientos o posibles necesidades de liquidez. A un año de las elecciones, cuando habitualmente se esperaría que los inversores acortasen plazos y exigieran premios, se observó lo contrario.








